Modo «¡Off!»: probando, probando…

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Acabo de leer un artículo de un médico japonés sobre cómo quedarte dormido con facilidad y como ya sabéis que mi insomnio se ha convertido en un fiel compañero, he pensado ponerlo en práctica.

Lo que pasa es que casi, casi, que le he cogido el gustillo a trasnochar porque es un rato en el que todos duermen y hay un silencio que me permite, curiosear por Internet, leer artículos interesantes, escribir…aunque al día siguiente echo de menos haber dormido un poquito más.

Bueno, en ese artículo, esta eminencia japonesa del sueño recomienda decir un par de palabras mágicas para «parar» nuestro cerebro y dormir a pierna suelta.

La primera es «¡Black!», con ella se consiguen apagar las lucecitas que brillan tras los párpados y caer en una oscuridad total.

La segunda es «¡Off!» para desconectar del todo. Según el autor del método, ha conseguido a base de práctica dormirse en cuestión de segundos.

Así que esta noche me había propuesto practicar el método pero lo que he conseguido es espabilarme más porque como habréis observado, las palabras mágicas las he puesto como las ponía en el artículo, con exclamaciones, porque estas cosas hay que decirlas/pensarlas con convicción para que funcionen.

Pero es que verme intentando respirar tranquila, con mi contrario durmiendo como un bendito y diciéndome  «¡Black! » no ha hecho más que darme la risa, interior y exterior. Y cuando he probado con el «¡Off!» he pensado que si mi bendito me oyera pensaría que estoy como un cencerro, así que más risa interior y exterior.

Total que me he dado por vencida y aquí estoy, escribiendo con mi amigo el insomnio, como todos los días.

Supongo que con práctica puede funcionar pero a mí me suena más bien a como si le estuviera dando órdenes al perro…

Por si os ha picado la curiosidad, os dejo el enlace al artículo por si queréis practicarlo (http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2016-06-16/dormir-descansar-enseguida-neocortex-hipocampo_1217872/).

Si conseguís resultados, por favor, ¡contádmelo!.

Acabo ya y prometo intentarlo de nuevo porque esta noche con tanto viento no creo que la arenilla que haya echado Fernandillo por el tejado haya durado nada. Igual, lo que tengo que hacer es decirle al viento «¡Off!» y a lo mejor consigo que pare y coger el sueño.

Feliz «¡Off!» a todos.

P.D: Las galletas del insomnio no os las recomiendo, es empezar y no parar…Mañana te arrepentirás del banquete, ¡seguro!.

Aterrizando en la piscina

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Ayer estrenamos la piscina. Desde las 10 de la mañana, los niños ya querían estar en la puerta para ver cómo la abrían. Así que pasamos un rato intenso mirando el reloj, «¿ya es la hora?, ¿cuánto falta?, ¿cómo se llamaba la socorrista?».

Entre tanta excitación, me dediqué a organizar la bolsa de la piscina. Seleccioné algún juguete acuático, las pistolas de agua las reservo para más adelante, y les embadurnamos de crema con antelación para que les fuera penetrando antes de que se tiraran al agua.

Cuando por fin se fueron, aproveché para prepararme yo y organizar una segunda bolsa, con una revista, qué ilusa soy, se paseó y volvió a casa sin tocar, primer intento fallido, oooh…Botellitas de agua, klínex, llaves, móvil, más cremas. De todo eso, solo utilicé el móvil para intentar ver la hora aunque no veía un pimiento entre las gafas y el sol, y las llaves para tenerlas preparadas para abrir el portal y meter a mis torbellinos lo más rápido posible.

Curiosidades: creo que he perdido volumen, éso o que el bikini de hace no sé cuántos años está dado de sí. Le pregunté a Carlos y ganó la primera opción (como para decirme otra cosa).

Los bañadores de Carlos han desaparecido, no están en ninguna parte. Dudo de que los haya tirado porque antes todo pasa «mi flitro» pero no sé dónde pueden estar. Total, que estuve rezándole a San Antonio pero como era domingo debía andar desconectado, y no me funcionaron los rezos. Conclusión, que Carlos no se pudo bañar.

Otra alegría fue comprobar que a los niños les sirven todos los bañadores,¡bieeen!. Las camisetas ya son otra historia, algunas les quedan perfectas y con otras parecían una tripa de fuet. El problema es que entre «las apretadillas» algunas son muy especiales para ellos así que hubo que negociar cuáles eran para casa y cuáles para salir. Una lucha dura, que gané yo, frente a Rayo McQueen, un lagarto y una ballena, como veis contrincantes de alto nivel.

Para cuando llegué a la piscina, pensando en sentarme y disfrutar del sol, tocó ver todas las nuevas piruetas y monerías que se les ocurrían, aparte de controlar que no molestaran a los demás niños, que no saltaran pegados a la escalerilla, compartieran las regaderas y demás juguetes acuáticos. Carlos desapareció en seguida, y con una vecina manejamos a los «pececitos» que por más que tiritaban juraban que el agua estaba buenísima. Yo no metí ni un pié, fui de la ducha a la silla y así pasé dos horitas como un árbitro de waterpolo, me faltaba el pito (tomo nota para meterlo también en la bolsa).

Con tanto controlar, se me olvidó darme crema en el cuerpo, en la cara y en el escote me había dado antes de bajar, por lo que acabé un poquito roja y mis niños también porque se me pasó darles una segunda vuelta de crema. Como no salían del agua ni me lo planteé, error, ya lo sé para el próximo día.

Cuando llegó la hora de marcharnos, mejor dicho, de empezar a marcharnos, se volvieron a tirar al agua, otra vez. Negociamos que se secaran, que se cambiaran el bañador y que recogieran. Para cuando ellos estaban listos, yo todavía andaba doblando toallas y cerrando la sombrilla, y tuve que escuchar, «mami, cuánto tardas; mami, tengo hambre»…adorables, ¿verdad?.

Balance de mi primer día de piscina: niños controlados, bien; niños un poquito quemados por los hombros, mal; todos agotados, bien; mamá vuelve a casa relajada, nooo…

Seguiré practicando. Tenemos tres apasionantes meses por delante para cogerle el truquillo y conseguir leerme todas las revistas que lleve, ¡palabra de mami!.

P.D: La foto no se corresponde con mi piscina pero soñar es gratis.

12 de Junio Día mundial contra el trabajo infantil

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Casi terminando el día, un domingo que la mayoría de nosotros habremos compartido con familia, amigos..Perdonadme por ser hoy vuestro «Pepito Grillo» y sacaros de vuestra comodidad para compartir la conmemoración de este día tan vergonzoso.

En la actualidad, cerca de 215 millones de niños trabajan en el mundo, muchos a tiempo completo. Ellos no van a la escuela y no tienen tiempo para jugar. Muchos no reciben alimentación ni cuidados apropiados. Se les niega la oportunidad de ser niños. Más de la mitad de estos niños están expuestos a las peores formas de trabajo infantil como trabajo en ambientes peligrosos, esclavitud, y otras formas de trabajo forzoso, actividades ilícitas incluyendo el tráfico de drogas y prostitución, así como su participación involuntaria en los conflictos armados.

El trabajo infantil prohibido en el derecho internacional queda comprendido en tres categorías, a saber:

1)Las formas incuestionablemente peores de trabajo infantil, que internacionalmente se definen como esclavitud, trata de personas, servidumbre por deudas y otras formas de trabajo forzoso, reclutamiento forzoso de niños para utilizarlos en conflictos armados, prostitución y pornografía, y actividades ilícitas.
2)Un trabajo realizado por un niño que no alcanza la edad mínima especificada para el tipo de trabajo de que se trate (según determine la legislación nacional, de acuerdo con normas internacionalmente aceptadas), y que, por consiguiente, impida probablemente la educación y el pleno desarrollo del niño.
3)Un trabajo que ponga en peligro el bienestar físico, mental o moral del niño, ya sea por su propia naturaleza o por las condiciones en que se realiza, y que se denomina «trabajo peligroso».

Este año 2016, el Día mundial contra el trabajo infantil está dedicado al trabajo infantil en las cadenas de producción. Con 168 millones de niños que todavía son víctimas del trabajo infantil, todas las cadenas de suministro, de la agricultura a la manufactura, de los servicios a la construcción, corren el riesgo de que el trabajo infantil esté presente.

Un gran número de niños hacen trabajos domésticos, remunerados o no, en los hogares de terceras personas. Sus vidas transcurren ocultas a la mirada de la sociedad y lo habitual es que se encuentren aislados y alejados de sus familias. Por ello, estos menores son particularmente vulnerables a la explotación y las historias de abuso son muy frecuentes.

En esta entrada me he apoyado en la documentación que sobre este tema tiene colgada la web de Naciones Unidas (http://www.un.org/es/events/childlabourday/background.shtml).

Aunque lo leáis mañana, espero que no caiga en saco roto y a pesar de nuestras dificultades diarias, sepamos sentirnos privilegiados porque nuestros hijos, sobrinos o nietos no tendrán que vivir esa explotación inhumana.

Peligro:Despistes

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Por suerte o por desgracia, en mi estado actual necesito la ayuda de medicación para coger fuerzas.

He intentado evitarlo porque prefería sacarlo yo «a las bravas» pero cuando ves que no avanzas, hay que reconocer que necesitas un plus de ayuda externa.

A pesar de que lo que me han mandado lo han hecho por mí bien y como complemento, no acaba de hacerme el efecto deseado y me tienen un poco trastocada.

Estas cosas pasan, me dicen como consuelo, pero a mí me consuela poco ver que acabo convirtiéndome en un experimento cual cobaya de laboratorio en el que los errores te dejan hecha polvo.

Lo bueno es que tanto experimento tiene su parte «divertida» aunque a veces me cuesta ver ese punto cómico, y me echaría a llorar.

La principal pega que estoy padeciendo es la falta de memoria a corto plazo. Se me olvidan las cosas, me quedo con la puerta de la nevera abierta pensando qué iba yo a hacer…Otras veces hablando me quedo a medias y al pobre Carlos le toca jugar a las adivinanzas para sacar lo que quería comentarle. Que pase una vez es gracioso, a las diez de la noche, las ganas de adivinar son casi nulas…

Menos mal que con los niños no tengo problema. Al contrario, les encanta que me quede a medio hablar sobre todo si les estaba regañando, se parten de la risa y soltamos tensiones todos. A veces se acercan a darme un beso, me temo que porque me deben ver un poco despistada.

Para solucionar los olvidos, qué mejor que apuntarlo en el móvil, ¡éso hago!, pero se pasa el día pitando y para cuando lo quiero consultar se me ha pasado que tocaba cambiar las toallas o sacar el tupper de las albóndigas para descongelarlo. En realidad un día más, un día menos, lo de las toallas, pasa. Lo de la comida tiene peor solución cuando a la hora de comer me acuerdo de que no tengo nada preparado, ¡pero si apunté sacar el tupper!…pues al rico congelado…menos mal que Carlos lo lleva con resignación y estoy aprendiendo a improvisar más que en Master Chef.

La otra tarde en el médico mientras me decía cómo debía ajustar el tratamiento, abría los ojos mucho, mucho como si el oído estuviera en la vista y acabé pidiéndole que me lo repitiera porque no era capaz de retener tanta información. Ya véis, yo que siempre seré la eterna opositora, que me acuerdo aún del artículo 1 de la Constitución, bueno, el fin justifica los medios, así que respiro, sonrío y a correr.

Mi último gran despiste fue aparecer para clase de Pilates cuando había quedado que a esa hora no podía seguir yendo, ¡y tanto que no podía, iba sin comer!, pero para cuando mi monitora me lo recordó no me acordaba de que lo había cambiado, menos mal que sabe que no estoy en un buen momento. Conseguí recurrir otra vez al humor de «rubia» y salí de allí, con un nudo en la garganta intentando recordar lo que no había sido capaz de recordar, qué pena…

Todo esto me está haciendo tener muy presentes a los enfermos de Alzheimer y de enfermedades neuro degenerativas. Lo suyo por supuesto es mucho más grave, para el enfermo y para sus cuidadores. Lo mío en poco tiempo pasará y volveré a recuperar mi vida. Sus luces y sombras les seguirán acompañando en su camino. Ojalá avance la medicina para frenar este efecto tan cruel y esas miradas perdidas vuelvan a recuperar el brillo de los recuerdos y se mantengan siempre en el presente.

Pero bueno, que no todo en mí son despides y olvidos. La otra tarde me crucé con mi antigua profesora de Yoga, al saludarla me acordé de su nombre (bieeen). Estuve en sus clases a mitad de mi embarazo y coincidió que ella también estaba embarazada, así que hacíamos las dos los mismos ejercicios. Me gustó mucho aunque creo que no llegué a conectar con la Tierra ni con mi cuerpo, quizás porque tenía dos interferencias dentro que me bloqueaban la señal aunque ellos lo pasaban genial sin parar de moverse dentro de mí. No pude evitar reírme cuando me preguntó que qué tal me «fluía» todo, ¡qué le iba a decir!, pues que muy bien, claro. Y así la dejé, y me fui fluyendo a seguir haciendo recados.

Así que si paso por vuestro lado ausente, despistada, no penséis que es mala educación si no os saludo, es que a lo mejor estoy fluyendo entre mi caos perfectamente imperfecto. Pero os agradeceré que me paréis y ejercitemos la memoria juntos.

Hoy me planto en el primer escalón de mi escalera, porque ser capaz de escribir todo esto sin que se me olvide, ¡se merece un Chupa Chups!.

Mi escalera

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Como habréis observado, últimamente tengo abandonados a mis compañeros de viaje y de vagón. Hace días que no comparto con ellos hora punta, empujones y escaleras porque como os comenté estoy en un parón obligatorio para recuperar fuerzas y volver a mis antiguas rutinas.

Estos días tengo que dedicarlos a mí, y éso, ¿cómo se hace?. Pues es lo que trato de aprender, a conocerme y a anticiparme a pensamientos que me producen impotencia y no me dejan avanzar.

Es curioso cómo a pesar de haber oído y leido tantas veces el tan manido «conócete a tí mismo», cuando de verdad tienes que hacerlo te das cuenta de que no sabes por dónde empezar, y bueno, en eso estoy.

Para ayudarme he elegido esta foto de una escalera de jardín y la he convertido en mi escalera personal. Con escalones de piedra que resistan el desgaste del tiempo, que sean duros para que no me hunda en ninguno de ellos y me sienta segura cuando los vaya subiendo o me quede estancada en ellos.

Mi escalera está invadida por la hierba y las flores, representando a mis seres más queridos. Los que están sin agobiar, a veces callados, solo presentes con un emoticono en un mensaje. Los  que comprenden que hay días que no estoy ni para contestar pero que no por eso dejan de estar presentes como una pequeña hierba que sale entre los escalones y ahí siguen día tras día para hacerme sentir acompañada.

A día de hoy, ya que algunos me preguntáis cómo me encuentro, os diré que me mantengo en lo bajito, casi en el arranque de la escalera. Adaptándome a conseguir pequeños logros en las rutinas más básicas que me vayan dando confianza para ir haciéndome cargo cada vez de más cosas, pero hasta llegar al modo sprint que llevaba no hace tanto, me queda mucho por trabajar y por aprender.

Sé que esto de parar y reflexionar no es nada original, les pasa a muchos. Sin ir más lejos ahí está el Cholo, reflexionando, asimilando la derrota, y es que como os comenté en otra entrada, hay que ver lo rápido que se pasa del equipo ganador al perdedor.

Así que desde aquí invito al Cholo a que me acompañe en mi escalera. A lo mejor le sirve en estos momentos de oscuridad porque lo que a mí me sigue sirviendo para mi vida y para no perder la Fe (por suerte más presente que nunca) es su lema «Nunca dejes de creer».

Consejos para afrontar el verano y no morir en el intento

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Llega la estación más temida para todos los mortales a no ser que seas modelo, mujer florero con posibles, famoso por ¿algo?, o ejecutiva/o con título de mago de los que consiguen estirar el día hasta las 30 horas para sacar tiempo para trabajar, ir al gimnasio, al centro de belleza, quedar para un after work y dormir 8 horas para que tu piel descanse y te levantes resplandeciente.

Si en cambio eres de los que no duermes lo suficiente o andas insomne (como es mi caso), tus visitas al centro de belleza son un par al año o alguna más si ese año tienes bodas o eventos, has redescubierto los Bollycaos y vas comiéndote todos los restos de galletas y batidos que van dejando tus hijos (no vamos a tirar comida). Si haces brazos con el aspirador y las bolsas de la compra, tus meditaciones consisten en contar hasta diez antes de dar una voz, estiras el cuello con las canciones de la radio en el coche, haces el deporte que puedes (yo una horita de Pilates semanal, no hay para más). O bien, si eres de los que el karma te sube y te baja en los atascos con tanto coche pitando, tu spa es una ducha de 3 minutos, el ir con la hora pegada todos los días consigue que a paso de marcha no te gane nadie, o eres de los que se beben una Shandy (a veces una cerveza) a trompicones mientras preparas las cenas, estos consejos son para ti.

Empecemos.

Lo primero, respira y relájate…El verano no es el examen de una oposición, hay que ir enfrentándose a él poco a poco, con calma.

Veamos, ¿no tienes tiempo para hacerte una exfoliación de todo el cuerpo antes de aterrizar en el sol?. No pasa nada. La cara la tenemos limpita porque durante el año hemos estado usando como mínimo algún gel exfoliante, agua miscelar, leche y tónico, en fin, las rutinas de limpieza básicas por lo que a estas alturas la tenemos perfecta. En cuanto al cuerpo, tengo células muertas para exfoliar hasta en el cerebro por lo que como mi tiempo es limitado dejaré que el sol vaya haciéndose hueco entre mi piel y la crema y, algo de colorcillo pillaré, digo yo.

El pelo: Me encantaría poder hacerme un alisado que me dure todo el verano para tenerlo de revista pero seamos realistas, tiremos de la espuma, domemos nuestra melena, y ¡que viva el look ondulado handmade!.

Operación bañador: ¿Realmente alguien no tiene celulitis o barriguita?, de los que nos rodean (los de las revistas no valen), pues…¡nadie!, así que alégrate, bienvenido al club, ¡eres del montón!. Olvídate de si tus vecinos, amigos o los de la toalla de al lado no dejan de mirarte, mírales tú, como ves, estamos todos en el mismo barco…Otra cosa, que se te mueva la celulitis y toda la grasa del cuerpo sobre todo cuando corres detrás de los niños, es lo normal porque nosotros huimos del bótox, aspiraciones de grasa, inyecciones de vitaminas y demás tratamientos innecesarios…Nos va lo natural, lo auténtico 100%.

En cuanto a la dieta, se acabaron los platos en tonos de otoño: lentejas, garbanzos, patatas con costillas…Con el verano todos los colores llegan a tu comida. No importa si no sabes combinarlos, nadie podrá llamarte hortera porque los platos arco iris están permitidos y recomendados. La ensalada es un ejemplo perfecto, en un plato metes verde, rojo, naranja, amarillo, morado, rosa, blanco, negro…no se me ocurre nada de comida azul pero si se te ocurre, ¡adelante, vuélvete loco innovando!.

Como inevitablemente vamos a pasarnos más de tres meses sudando, hay que reponer líquidos. Aquí dejo libre elección, agua con gas o sin gas, vino, cerveza, tinto de verano, zumo, refresco, lo que os quite la sed pero teniendo en cuenta que si lleva sobrecarga de azúcar o alcohol, luego hay que quemarlo y lo mejor es hacerlo bailando o intentándolo, en público o en privado, de esta manera te integras en el ambiente veraniego, así que ya puedes ir poniéndote al día en los ritmos machacones que formarán parte de la banda sonora veraniega. Lo único malo del baile es que quemas calorías pero sudas y tienes que volver a beber, es lioso pero sé que seréis capaces de encontrar el punto medio entre deshidrataros y acabar bebiendo más de la cuenta.

Como veis, consejos sencillos para todos porque lo importante es disfrutar y como decía mi profesora de danza del vientre sentirnos bien con nosotros mismos porque «somos reinas (o reyes)».

¡Animo y sé tú mismo!.

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Noches de cuento

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Hoy después del ritual de leer uno o dos cuentos con los niños antes de acostarse, me he dado cuenta de que por ellos he vuelto a descubrir cuentos populares que hacía siglos que no leía. Algunos creía que los recordaba perfectamente hasta que al releerlos he comprobado que me faltaban detallitos que mi memoria había olvidado y ahora los voy refrescando con su lectura y sus ilustraciones.

Mi hora de dormir se va preparando rodeada de hadas, caballeros, dragones, cerditos, princesas, lobos y una larga lista de personajes que consiguen mantener a los niños atentos y haciendo esfuerzos entre bostezos para que no se les cierren los ojitos hasta no saber si a Caperucita se la comerá el lobo.

La pena es que aunque me llevo todos esos personajes conmigo, no me producen el mismo efecto que a ellos y no puedo dormir. El insomnio ha vuelto después de un tiempo desaparecido y no parece que tenga intención de dejarme en paz.

Ni la leche, ni las respiraciones relajadas, ni los rezos consiguen que caiga rendida. Total, que acabo leyendo para no darle vueltas a la cabeza varios blogs que he descubierto hace poco y me tienen enganchada.

Me encanta pasearme por «El blog de una empleada doméstica, Aventuras de una chacha» (https://palomamzs.wordpress.com/). Os lo recomiendo para pasar un rato divertido, la autora escribe fenomenal, te engancha y te leerías todas las entradas del tirón, lo malo es que no me produce ningún sueño, aunque reírme, me río bastante y eso me ayuda a soltar tensiones lo cual es de agradecer siempre.

Para relajarme, bajar el ritmo y alimentar la fantasía que tanto nos falta en nuestra vida «real», me dejo llevar por los cientos de cuentos que forman parte de «Martes de cuento» (https://martesdcuento.wordpress.com/). El de esta semana sobre la cebolla es precioso y suelen tener su moralina. Recomendables para adultos y para niños.

Y así casi llego al final de mi historia, aquí no se comen perdices pero daría mi reino por ponerme a bostezar y dormirme. Quizás es que todavía no ha pasado Fernandillo echando arenilla por mi tejado y por eso no me pican los ojos y me llega el sueño…

Aunque quién sabe, quizás esta noche me visite Campanilla con Peter Pan y acabe soñando y durmiendo con la misma paz y serenidad de mis hijos.

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Que así sea…

Buenas noches.

Yo procastino, ¿tú procastinas?

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Procastinación, palabra complicada. Estoy segura de que no la he usado nunca pero después de buscar su significado, reconozco que forma parte de mi día a día.

Para quien no la conozca, aquí tenéis su significado:

Procastinar: aplazar el cumplimiento de una obligación o el desarrollo de una acción.

La clave de la procastinación está en el reemplazo de una actividad que necesita de atención por otra que resulta más placentera. La actividad elegida tiene menor importancia, aunque es más agradable. De este modo, se pospone lo importante y se privilegia algo diferente.

Creo que en lenguaje más sencillo, es algo así como vaguear, dejar lo importante a un lado y dedicarte a algo que te apetece en ese momento, ¿por qué?, pues como diría una publicidad de Revlon de hace tiempo, «porque yo lo valgo».

Un ejemplo de esta acción de procastinar sería cuando paramos, solo un «momentito de nada» de trabajar, de estudiar o de hacer nuestras labores, para echar un vistazo a las redes sociales y compartir el último chiste que ha colgado un amigo.

Ha sido solo un momentito, no lo podías evitar. Una fuerza interior te ha poseido y no has tenido más remedio que procastinar y entrar en Facebook o Twitter pero ¡ay amigo!, si entras, cuidado con los «me gustas» y con los «compartir» porque ¿sabes que estás dejando huella más o menos de la hora en la que estabas conectado, verdad?

¡Qué exageración! podéis pensar, ¡si es solo una pequeña travesura sin importancia! ya pero que deja huellas, diría yo, pero tú que sabes latín me lo rebatirías diciendo que quien esté libre de procastinar alguna vez, que tire la primera piedra y éso te salvaría, porque la lista de «momentitos de nada» la tenemos todos creo que muy, muy larga.

Como todo, los excesos no son buenos pero yo seguiré procastinando un poquito todos los días porque ya me creo yo bastantes agobios por cumplir mil cosas como para no «regalarme» un ratito para mí.

Y para lo pendiente, seguiré tirando de alarmas, recordatorios, anillos cambiados de dedo y demás inventos de los que luego olvido su significado pero que digo yo que tendrían su lógica cuando los hice, como por ejemplo cuando el brik de la leche aparece en un armario de la cocina, ¿éso es un despiste o que procastino y paso de guardarla que es lo que debería hacer por sentarme a saborear el café?

Otra vez, tendré que procastinar, dejar mis obligaciones y buscar opiniones en Internet, pero solo un «momentito de nada, ¿eh?

Y tú, ¿procastinas?

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Descolocada

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Como estas tormentas de primavera que ves como poco a poco van llegando, hay caídas que por más que quieres frenar acaban llegando.

A pesar de tanto subir y subir tu escalera diaria con tus orejeras sin pararte a pensar nada más que en lo siguiente, lo siguiente, lo siguiente, otra vez tu cuerpo se impone a tu mente y vuelves a verte en el arranque de tu escalera particular.

¿Por qué ahora?, ¿por qué justo cuando más activo tienes que estar?.

Como sabemos, el cuerpo muchas veces no hace más que reflejar con dolencias físicas lo que tu mente lleva tiempo rumiando, reteniendo a base de más actividad, más distracciones, seguir y no pensar hasta que se planta y da la orden a tu cuerpo de que, o paras, o vamos mal.

Y aquí estoy, recuperando el aliento, aprendiendo a respirar porque perdí las fuerzas y mi cuerpo reaccionó perdiendo la voz, con vértigos, náuseas y pánico por no saber cómo controlarlo.

Después de todas las entradas que he publicado sobre mantenerse positivo, activo, entrenándote a tí mismo para poder apoyar a los demás, me doy cuenta de lo difícil que es aplicárselo a uno mismo, no por falta de ganas sino porque todo se te queda corto para enfrentarte a un parón así. No estamos educados para caer, para frenar, hay que ser competitivos en todo, llegar a todo, y no parar, porque si paras, te saldrás del guión y no encajarás.

Sinceramente, no es agradable escribir esto. Me encantaría contaros algo más positivo, más divertido pero espero que sirva como apoyo a tantas personas como conozco que están pasando situaciones parecidas, a las que les falta el aire y la fuerza para seguir.

Espero que mi testimonio sirva para visibilizar que estos parones, estos bloqueos, nos pueden pasar a cualquiera en cualquier momento.

No estáis solos, pasará y volveremos a subir escaleras, a calzarnos los zapatos de las prisas y nos pondremos en modo hiperactivo pero mientras dure, aprenderemos a vivir en la casilla de salida otra vez.

Como socia fundadora del Club del Lexatín acabo premiándome con un Chupa Chups y agradeciendo de corazón tantos apoyos como estoy encontrando.

Aquí me tendréis, descolocada pero no acabada.

Pesas caseras y el límite del ridículo

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Como ya sabéis mi tiempo para hacer ejercicio es bastante limitado y este año me he hecho el propósito de no faltar a Pilates. Aunque por desgracia acabo fallando por mil historias intento recuperarlo en los huecos que puedo para no perder la forma y no acabar llena de agujetas el día que voy.

Esta semana me tocó recuperar una clase y estuve con otro grupo distinto al habitual, ya las conozco de otros días y fue una gozada sudar la camiseta con dos cincuentañeras con mucho sentido del humor. Nuestra profe repartió pesas y una parte de la clase tocaron brazos, al tercer ejercicio, llegó el debate porque mis compañeras y yo juraríamos que un kilo de pesas, pesa más que un litro de leche. Según la seño pesaban igual, pero a ver si es que los de Mercadona rellenan los bricks de leche con menos de un litro…podría ser, ¿no?.

Sé que para todos los lectores que son fornidos deportistas, leer que mis pesas son de un kilo, les habrá producido como poco una sonrisa pero es que yo las pesas solo las veía de lejos cuando iba al gimnasio porque confieso que todos esos chicos entrenando de cara al espejo, levantando kilos y kilos de peso, me producían bastante repelús. Les veía tan concentrados en mirarse al espejo que huía de tanto pase, pose porque yo para lo único que me miraba era para comprobar si la coleta seguía en su sitio y si se notaría que me temblaban las piernas al bajar de la elíptica.

Creo que el truco está en que aunque pone en el lateral de la pesa un 1, las letras de la marca deben pesar medio kilo así es como engañan a las pardillas como nosotras haciéndonos creer que solo son de un kilo.

Más tarde en casa dándole vueltas al tema mientras cenaban los niños, me puse a practicar con un kilo de azúcar y un litro de leche y desde luego no pesan igual, ¡seguro!. También comprobé que este experimento servía para que los niños comieran todo seguido bajo la amenaza de dejar de hacer mis «ejercicios» si dejaban de comer. Acabaron pidiéndome unos «bises» como en los conciertos y como premio, me bebí una Shandy que supongo que engordará menos que una cerveza.

El numerito quedó entre mamá forzuda y patética, para ellos obviamente quedé de «súper mami» y para mí de «para lo que hemos quedado».

A pesar de la clase y el numerito casero, no debió de dárseme mal porque al día siguiente no tenía agujetas aunque ésto lo digo solo aquí, en petit comité, no vaya a ser que el próximo día mi seño me suba a las pesas de 2 kilos y a ver luego cómo comparo en casa, ¡me faltarían manos!.

¿A que os ha picado la curiosidad?, pues nada, comparad con lo que tengáis en casa, aunque un consejo, mejor sin público, a no ser que queráis impresionar a alguien…