A vueltas con el ruso

Hay veces que el universo, los astros, el karma o qué sé yo se empeñan en complicarte la vida en el momento más inoportuno. Esta mañana salía de una visita médica e iba camino del trabajo cuando al encender la radio del coche, se rebeló contra mí y el menú ha aparecido en ¡ruso! Entre el sol de frente y mi creciente presbicia no atinaba a poner la opción para escuchar música por Bluetooth y como no quería desconcentrarme de la carretera, aún iba por una vía urbana, empecé a tocar todos los botones y para cuando quise mirar, voilá, el menú estaba en ruso. ¿Cómo sé que es ruso? Fácil, caracteres cirílicos y no entender nada de nada salvo la palabra RADIO. He aparcado y me he puesto las gafas pero ha sido imposible recuperar el inglés. Ruso, ruso y venga ruso, aunque en la radio hablaban español, de gente que me sonaba a ruso peeeero en español.

En Internet he encontrado unas instrucciones de un modelo de radio parecido y se puede configurar el menú en español pero claro, queda más cool en inglés, supongo. El problema que veo es que no solo hay que entender las instrucciones, ¡hay que verlas! porque la letra es tamaño liliputiense y hay que ampliar tanto la imagen en el móvil que solo leo tres palabras de cada línea. Así que igual es más fácil rendirme y aprender ruso.

Vuelvo a casa sabiendo que si aparece en la pantalla “да” (da) es si, и нет (nyet) es no pero claro, ¿seré capaz de leer la pantallita dichosa sin gafas? ¡сюрприз! O sea, ¡surprise!

Carlo querido

Carlo querido:

He perdido la cuenta sobre cuántos años hace que leí por primera vez sobre ti. Creo que fue un poco antes de que te declararan beato cuando de pronto, un montón de páginas web, empezaron a narrar tu vida y el milagro que por tu intercesión logró la curación de ese pequeño brasileño que te estará eternamente agradecido.

10 de octubre de 2020, Roma. Recuerdo mi emoción cuando en San Pedro, con la plaza a reventar de gente, desplegaron en la fachada un tapiz con tu cara de niño. Con el COVID-19 reciente, sin terminar todavía la pandemia, vulnerables y dolidos por tantas personas como fallecieron y tú con esa sonrisa y esa confianza ciega en Dios. Mis niños tenían entonces 9 años, no se acuerdan pero vieron conmigo un poquito de la ceremonia de tu canonización y es que “mi locura” por ti hizo que desde entonces, no dejara de hablar de ti en casa.

El niño italiano se convirtió en parte de nuestra familia. Cuantas veces te he puesto de ejemplo con los niños, mira que Carlo compartía con los pobres…Que acogía a los compañeros que lo pasaban mal porque no sabemos la mochila que todos llevamos a cuestas…Que era futbolero y le gustaban los videojuegos, que jugaría a la Play Station…Que rezaba el Rosario, que iba a Misa y comulgaba todos los días…Experto en Internet y que creó una web sobre milagros eucarísticos.

Verte en las fotos del álbum familiar compartidas en Internet bailando en Navidad, con ese polo rojo que mis hijos han tenido y siguen teniendo, en chándal…Eras, eres tan parecido a cualquier niño que rezarte, hablarte se convertía en un diálogo tan sencillo como si lo hiciera con uno de mis hijos.

Me gustaría saber cómo llevas tu próxima canonización porque eso son palabras mayores, menuda responsabilidad, ¡santo! La niña de Costa Rica salvada por tu intercesión es otra que nunca lo olvidará. El 27 de abril estaremos pendientes, te lo aseguro. Me alegro de que tu objetivo de vida de llegar cuánto antes al Cielo se haya hecho realidad y de que te hayas convertido en un modelo de vida para tanta gente. Qué orgullosos deben estar tus padres y hermanos. Y qué madre tienes, la de vueltas que está dando por todo el mundo para darte a conocer, no podías tener mejor representante que ella.

Carlo querido, gracias por todo. Sigo encomendándote a todos los niños del mundo. Espero seguir dándote a conocer lo mejor que pueda para que cada vez sean más los que se rindan al niño italiano casi, casi santo y algún día pasar por Asís con mi familia para visitarte.

Carlo Acutis, ruega por nosotros. Amén.

La magia de la leche

Hace mucho, mucho tiempo escribí sobre las señales que nos mandaba ¿el universo, los astros, las estrellas? vete tú a saber pero ¿qué pasaría si las señales se te manifestaran mientras estás fregando? Piénsalo, sola ante el chorro del agua con el estropajo listo para limpiar una olla y de pronto, la mano se te va al brick de la leche y pones leche en vez de Fairy al estropajo. Os aseguro que la sensación es extraña. Me di cuenta cuando iba a pasarlo por la olla, después de…años fregando y tiro de la leche cuando podrías ponerte a fregar con los ojos cerrados y atinarías a coger todo lo que necesitas.

Analicemos el contexto, cocina, miércoles, 6 de la tarde, niños merendando, vuelta al cole después de las vacaciones de Navidad, sin extraescolares esa tarde, en fin, una tarde sin nada especial. Y ahí es donde quiero llegar, nada especial peeeeero pasó. Podía haberme fregado la olla un ángel como a San Isidro Labrador mientras yo dormía una siesta o meterse misteriosamente en el lavavajillas pero no, «la fuerza» llevó mi mano a la leche justo en esa tarde nada especial.

Cansancio, despiste, locura diréis, pero no, fue la fuerza/universo/astros/estrellas…la que transformó la tarde en una cábala materna-infantil sobre el porqué de mi extraña conducta digna del mejor diálogo para besugos. Sobra decir que ninguno pensó que a su madre le faltara calcio e instintivamente tirara hacia el brick y menos que su madre estuviera como un cencerro, en esto los niños son maravillosamente imaginativos. Y es que unas gotas de leche, por supuesto, puestas en el estropajo por las fuerzas del universo, fueron capaces de convertir esa tarde en una tarde fantásticamente mágica.

Os recomiendo probar no a fregar, salvo que tengáis que hacerlo, si no a estar abiertos a la magia, porque la fuerza o el qué se yo actúa cuando menos te lo esperas (aunque así entre nosotros, creo que según avanza el día suben las probabilidades). No os asustéis y disfrutar.

Vamos a ver si mañana cuando mi familia esté abducida por el fútbol y yo esté preparando la cena, mágicamente, los fideos del fondo del cazo me rebelan el resultado del partido y ganamos, ¡of course!

Recordando a Manolo Escobar

Hace unas noches encontré en Televisión Española un programa en el que recordaban a Manolo Escobar. Lo pillé empezado pero me quedé un rato viéndolo porque mientras ponían trozos de actuaciones antiguas me vinieron a la cabeza momentos en los que Manolo fue parte de mi vida.

Recuerdo fiestas de verano en la urbanización donde veraneaba, en los 80, en las que en la pista de tenis bailábamos “Y viva España”. Todo el mundo la cantaba poniendo el alma y el alcohol que llevaban encima como si fuera el himno nacional o el de su equipo de fútbol favorito. Y qué me decís de “Mi carro”, exitazo de 1969 que no puede faltar en una buena colección de música pachanguera.

Y es que al igual que algunos dicen que El Corte Inglés vertebra España, porque vayas donde vayas y le pese a quien le pese, hay uno cerca de ti, Manolo fue el nexo de unión de los españoles de varias décadas. Su “Porompompero” compuesto en  1960, hizo que todos se movieran al ritmo de esa rumba tan pegadiza y tocaran las palmas como si formaran parte del coro que le acompañaba en las actuaciones.

A parte de algunos súper éxitos, no conozco mucho su discografía pero de los retazos de las actuaciones que vi la otra noche me quedo las letras de algunas canciones en las que piropeaba a la mujer con arte y respeto. Ese que hoy falta a muchos artistas que malgastan su arte en letras arrastradas y de un gusto pésimo. Por ejemplo, entre que te canten “No te quiero por bonita ni te quiero por graciosa. Te quiero porque te quiero, por ninguna otra cosa“, y que te canten “No puedo más que pensar en tu forma de hablar. Roneando, mmm. No puedo más que pensar en tu culo al pasar rebotando”. En fin, tremenda la diferencia.

Otra cosa es que canciones como “La minifalda” se hayan quedado antiguas y suenen desfasadas y ridículas pero la letra no recurre a hablar de la ropa interior ni de las nalgas de nadie, cosa que francamente se agradece.

Hasta aquí mi homenaje al gran Manolo, que tantos buenos momentos me hizo pasar y que siempre me seguirá sacando una sonrisa. Que no se olviden sus canciones en las discotecas, las fiestas de los pueblos, las bodas, los taxis…Os dejo el enlace a “Y viva España” para que bailéis este pasodoble, baile de creación nacional del siglo SXVI: https://www.youtube.com/watch?v=v685hHVCvYw

Vamos de excursión

Esta semana los niños se iban de excursión. Su primera excursión de fin de curso. Dos noches durmiendo fuera de casa. Lo normal, pensaréis, lo que hemos hecho toda la vida, al final de algunos cursos se organizaba una excursión de varios días fuera de casa. Lo sé, pero como la normalidad se fue hace más de 2 años con la pandemia y aún seguimos tratando de recuperarnos, no sé si el tono de «se van de excursión» sería de emoción o de susto. Vamos a dejarlo en emoción contenida.

Esa emoción de madre reteniendo la respiración porque ve que su hijo empieza a caminar con un año más o menos y va peligrosamente inclinado hacia el pico de la mesa. O de esa otra que hasta que no suena el telefonillo de casa y aparece el niño o la niña a las 10 de la noche, sano y salvo no es capaz de pasar ni un currusco de pan. Y ya si en vez de a las 10 aparece a las 6 de la mañana tal y como se fue, ahí si que la mamá se ha ganado un premio a la madre del año porque a pesar de dar mil cabezadas, no ha llegado a dormirse más de 5 minutos.

Total, que así estaba yo, debatiéndome entre el deseo de que cayera un meteorito en el lugar de la excursión y se cancelara y preparando lo que tenían que llevarse con un nudo en el estómago.

Como lo del meteorito no tenía pinta de pasar, me centré en el mantra «todo va a salir bien y lo van a pasar bomba» y creo que si lo repites tropecientas veces, se cumple.

Con toda la preparación del viaje me acordé de mis viajes cuando estaba en el colegio. No es que fueran muchos de dormir fuera pero si que los viví con mucha intensidad. El de 8º de EGB fue a Ayamonte, creo, recuerdo los mosquitos, agotadores y un día que entramos a Portugal al reino de las toallas, las mantelerías, ropa por todas partes a un precio más barato que en España y los recuerdos de Portugal con forma de gallo, geniales.

Otra historia fue cuando en 3º de BUP me fuí a Roma con un grupo de compañeras del colegio. Imaginaros, Jaén-Roma en autobús, con paradas para desayunar en Valencia, comida en La Junquera y cena en la costa azul, noche en el bus y parada en Florencia antes de llegar a Roma. Compañeras durmiendo en el pasillo del autobús, impensable ahora que hay que ir con cinturón de seguridad pero es que hablamos de principios de los años 90 y muchas cosa eran distintas. Nos alojamos en Casa Kolbe, una residencia que llevaban unos mojes con los que de vez en cuando coincidíamos por algún pasillo, en silencio, en contraste con las ruidosas españolas que iban a pasar la Semana Santa en Roma y a participar en el UNIV, unas jornadas para universitarios de todo el mundo, donde unas cuantas de mi clase y yo nos colamos aún no siendo universitarias y en las que el plato fuerte era una audiencia con el Papa, por entonces, Juan Pablo II. Pasar 2 horas con el Papa, solo para nosotros, viéndole reir con las actuaciones que algunos habían preparado y siguiendo las canciones con la cabeza fue lo más alucinante. Y Roma a reventar de gente por todas partes, en los oficios de cualquier iglesia, en la plaza de San Pedro, visitando el Foro…Desde ese viaje, Roma siempre será especial para mí.

También recuerdo un par de veranos que estuve de convivencia en un colegio hermano del mío a las afueras de Marbella. Niñas de varias provincias andaluzas concentradas 10 días para pasarlo bomba y hacer nuevas amistades. Tan unidas estábamos que una de las veces, en mi habitación cogimos piojos y nos tuvieron que aislar para no contagiar al resto. Recuerdo la peste a vinagre en el pelo, las bandejas de comida que nos llevaban. Y las fiestas que montaban en un chalet cercano al colegio, que era de unos árabes, todas las noches, la música y hasta fuegos artificiales, chulísimo aunque no había quien durmiera.

Recordando todo esto, me ha servido para medio relajarme y darme cuenta de que lo normal es que haya excursiones. Que se duerma fuera, se conviva y se pase genial. Es ley de vida y así debe ser aunque cueste admitir que poco a poco me quedo sin niños y llegan otras etapas que deben disfrutar igual que cuando me tocó a mí pero lo que cuesta, cachis.

Gotas de magia

Hoy ando preparándome para la cena de Fin de Año de esta noche. En una revista venía una muestra de una súper maravillosa crema que promete eliminar el cansancio de los 364 días anteriores y dejarme el cutis, a estrenar y aquí estoy, haciendo tiempo para que llegue el gran milagro.

Mientras llega el efecto iluminador, rejuvenecedor y súper guay, estaba pensando en todo lo que me pediría a los Reyes Magos y confieso que soy tan poco original que como colofón a mi lista, me pediría un perfume. Lo reconozco, al final, acabo rendida a las mini películas o mini cortos que cuentan los anuncios de perfumes.

Valoremos el tiempo y el dineral que emplean las marcas en encontrar el anuncio definitivo, el más de lo más, el que al verlo en la tele, casi te haga oler los mil matices que componen esa maravilla para el olfato. Creaciones únicas y exclusivas que te provocan la sensación de que al ponerte una gota, el uniforme del colegio o tu ropa para ir a trabajar se transforma como la de la Cenicienta en un vestido de alta costura que te queda como un guante. Bueno, y qué me decís cuando tu pareja contagiado por el efecto de esa gota mágica, se ha transformado en el acompañante perfecto para un baile en la Luna, mientras el lobo feroz de los cuentos os mira desde un telescopio. A mí es que me pasa todas las veces que me pongo una gotita y nos envuelve a todos los que me rodean. La vida ordinaria se transforma y si es demasiado intenso el perfume, hasta los sueños se vuelven un anuncio de gotas mágicas, aunque estos sueños a mí ya se me hacen densos por el intenso olor del perfume en las sábanas y el pijama, aquí ya el perfume me revuelve, ¿no os pasa igual?

Total, que sumida en este colocón de gotas mágicas y esperando que la expresión de mi cara no acabe tan tensa que parezca eternamente soprendida de todo lo que me cuente mi familia política esta noche, os deseo un año nuevo lleno de salud, paz y buenos deseos para todos.

¡Hasta la próxima!

La tostada

Esta mañana mientras preparaba los desayunos, me planteé la siguiente cuestión, ¿qué puede significar que a una tostada de pan y aceite, le pongas una capa de mantequilla? Que estás dormida, pensaréis algunos.

Pero, ¿y si la tostada de mante-aceite significara otra cosa? Podría ser que estuviera mandándome una señal desde el más allá de las tostadas, logicamente. En fin, no pensaréis que se tienen contactos con seres de otra dimensión a las 7h de la mañana. Quizás quería decirme que tenía que engrasar mi vida porque desde luego grasa tenía un montón. Quizá ese dibujo que dejaba intuir la capa de grasa me estaba invitando a relajarme y entrar en la rueda del día suavemente sin ir agobiada porque los semáforos para llegar al cole se pongan en rojo, o porque un día más, no haya sitio para aparcar el coche en el cole. Es decir, como dice esa expresión mejicana que me rechifla, «Ahorita».

La verdad es que esa profundidad de pensamiento tan temprano es extraña, así que cuando ya me planté delante del espejo para arreglarme y al cepillarme el pelo me volvió a la cabeza la idea de la grasaza de la tostada, ahí si que lo ví claro, » ¡Rupert, te necesito!», dirían las de otra época haciendo una llamada de socorro a su peluquero, u «Oh my God» , que dirían las más modernas, mientras la foto de su melena invade las redes sociales del mundo mundial y una legión de «expertas» te asesoran sobre tu largo, color, hidratación y canas sí, canas no, en lo que tardas en tomarte el café con una tostada. Lo que la tostada puede estar queriéndome decir es que necesito un cambio, de pelo, de actitud mañanera, de coche o de vida.

En fin, que cada uno se aplique esta señal del más acá, según lo que le provoque la foto que incluyo y sigan fluyendo por el mundo con gracia y elegancia.

Hasta pronto y gracias por seguir ahí.

La pelusa

Hoy mientras pasaba la escoba por casa, he descubierto una nueva manera de mirar a las pelusas. Todo ha empezado cuando perseguía a una pelusa que se me resistía. Ya sabéis que lo bueno del aspirador es que en la primera pasada suele aspirar todo lo que hay en el suelo pero en cambio con la escoba, no pasa eso. Con la escoba, a veces, mueves lo que vas barriendo y a veces, cuesta recogerlo un poco más. Así que en esas andaba yo, pasando la escoba a toda velocidad, cuando una pelusa en el pasillo, se me resistía a entrar en el recogedor y cuando retiraba la escoba, la veía moverse hacia otro lado empujada por mis escobazos.

Tras mi enfado inicial al ver que me dejaba los riñones, porque el palo de la escoba siempre es bastante más bajito que yo y te obliga a ir un poco encorvada, para que me vacilara una pelusa, me di cuenta de que tenía dos opciones, soltar sapos y culebras por mi boca por hacerme perder el tiempo y repetirme que tenía que haber utilizado el aspirador que es más rápido y efectivo o descubrir porqué el universo me había puesto en ese momento con esa pelusa concreta en el pasillo de casa. Y de pronto lo vi claro, la pelusa quería hacerme jugar! Como si de una mascota se tratara, estaba jugando conmigo al pilla pilla, o al ratón que te pilla el gato, que jugábamos de pequeños.

Conclusión, no dejes que te vacile una pelusa y si quiere jugar, a jugar! Al menos así, la limpieza se te hará más llevadera y si no, haber usado el aspirador!

Todo al negro

negro

La historia se repite, podría ser la tuya o la mía, la de tu vecina o la de cualquier mujer cercana o muy lejana.

«Y cambié todo al negro…» Pero para llegar ahí antes pasé por el marrón, el verde, el azul, el beige, qué más da un color que otro, todos forman parte del pantone de colores, con cientos de tonalidades cada uno, total, elige el que te guste…

¿En qué momento renunciaste al rojo, al rosa, al amarillo?

¿Y a la ropa de tu talla y a tu pelo y a ti misma?

Es imposible poner una fecha concreta, un acontecimiento especial pero pasó y no te diste cuenta. Lo asumiste porque tenía que ser así, era lo normal, como debía ser porque dejaste de ver, de sentir, de opinar.

Es difícil de explicar y de entender, una mujer hecha y derecha, mayor de edad, reducida a una muñeca, a un ser que ni siente ni padece que solo se deja llevar, sin plantearte ni una sola coma de tu vida.

Hasta que conseguiste salir. Igual que al hacerte una herida a los pocos días la piel se va regenerando, a tu ritmo fuiste despertando y regresando a la vida, a la que tú ibas eligiendo y redescubriste el naranja, el pistacho, todos los colores y sus mil tonalidades, el arco iris a tus pies y apostaste todo al negro, porque el negro tenía premio, VIVIR.

Con todo mi cariño y mi admiración a todas las supervivientes que salieron del marrón y del beige.

Que cada día sean más.

Los toalleros salvavidas

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Hoy le dedico esta entrada a los salvavidas de las toallas, de las mantas, de las alfombras…A todos esos profesionales que se dedican a hacer «magia» y a mover a nuestros mayores con la profesionalidad y la soltura de un experto cocinero en voltear tortillas.

Hace unos días los toalleros salvavidas pasaron a auxiliar a mi suegra. Un pequeño resbalón la dejó sentada en el suelo y sin poder levantarse. Nada más pulsar el botón de su collar de la teleasistencia, una voz amiga, puso en marcha a los toalleros para ir a su casa a ayudarla, poco después sus toalleros salvavidas la habían movido y colocado en su butaca. Gracias a Dios, ella estaba bien y todo quedó en un resbalón tonto.

Hablando con Menchu me contaba cómo en un visto y no visto estaba sentada ante la mirada alucinada de los familiares que impotentes esperaban la llegada de los toalleros tragándose la angustia de verla en el suelo sin poderla ayudar.

Pasado el susto y ya riéndonos las dos por lo cómico de la situación en la que sin darse cuenta se había visto metida, me quedó ese runrún de cómo estos profesionales convertían lo difícil en algo aparentemente tan sencillo.

Queridos toalleros salvavidas, gracias por vuestra delicadeza, por vuestra amabilidad, por vuestra profesionalidad, por los ánimos que dais a todos los que auxiliáis y los que al otro lado del teléfono reciben la primera llamada de angustia.

Y ésto ya va dedicado a mi suegra, Menchu, no le cojas el gustillo a viajar en toalla por favor que en lo que viajaba Aladino era en alfombra.