Pegajosa, sofocada, solitaria, aturullada y dormida

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Ya lo sé, es el tema de la semana en todo el país, el caloooor y lo que viene. Lo que nos gusta regodearnos en la incipiente subida durante la noche y el día, somos así y es lo que toca y tocará.

Por suerte, antes de la ola de calor de mañana, hoy tenía resonancia y radiografías a las 3 de la tarde. Una ciática se ha adueñado de mi zona lumbar y hasta el pie me tiene frita desde hace 3 semanas.

A las 2.55 llego a la parada del Metro y siguiendo mi costumbre y pasando del dolor de la pierna, me pongo a subir las escaleras mecánicas. En el tercer tramo me rindo, suelto un !ay! que hace que el chico de delante con auriculares se gire a mirarme. Dos tramos después de escaleras manuales desemboco en mi caminito cuesta arriba.

La sombra de los edificios es mínima y me aferro a que voy por la derecha y tengo preferencia para ir por la sombrita.

Llego tal cual Heidi, con los colores subidos y sudando como un pollo. Si sudar por el pelo adelgazara…mínimo un par de kilos habría perdido, estoy segura, creo. Lo único que consigo ver al ponerme el camisón es que mi peinado se ha quedado como lamido por una vaca, mi maquillaje de ojos me hace una mirada profunda y rara y mis mofletes siguen intactos de tamaño pero más brillantes por el sudor.

Toca la resonancia, me meten en el tubo, pido una mantita porque me quedo helada y que me apaguen la luz de dentro porque mire usted, yo es que vengo a dormir un rato.

La cara de la técnica era una mezcla entre sorpresa y aguanto la risa que me ha tocado la pirada de las 3.

Me concentro sí o sí en los pitidos tan desagradables de la máquina, “Poa, poa, poa, poa…po, po, po, po…y una especie de taladradora…”. No puedo contaros más porque me dormí, llamadme rara pero siempre acabo dormida. Para mí un descansito así en medio del día es un lujo que no estoy dispuesta a desperdiciar.

Acabo y vuelta a la calle. Son las 4.05, bajo la avenida desierta y me toca ceder la derecha y la sombra.

Una hora después estoy pegajosa montada en mi autobús camino a casa.

La experiencia un lujo. Los resultados en unos días. La ciática un rollazo.

En casa me espera piscina o ponerme a hacer un puré de verduras, difícil elección.

Por cierto, emocionada por haber vuelto al Hospital donde nací y al que no había vuelto desde entonces. Me llevo además del sofocón un selfie delante de la entrada porque hay que ver la de años que han pasado desde que nací allí aunque eso es otra historia.

Animo con el calor. El cambio climático en junio es lo que provoca, calor, !qué cosas!.

 

 

 

Algo se muere en el alma cuando alguien querido se va

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Suegro querido,

¿Te acuerdas la risa que nos daba cuando te llamaba así?. Creo que Menchu se ponía un poco celosilla, ya ves, si ella me bautizó como “la princesita rubia”, ¡cómo no va a ser también especial para mí!…

Hace dos días que no estás con nosotros y no me sale hablarte en pasado…pero es que te noto tan presente que creo que en cualquier momento me va a llegar un chiste, o un vídeo de esos que me mandabas, que por cierto, los chistes quitando los de política, bastante machistas…luego Carlos se reía de mí por tus chistes…¡cachis Juan!.

Inevitablemente toca recordar y eso duele mucho, pero también sirve para volver a dar gracias por los once años que pude compartir contigo.

Hace poco volví a ver las fotos de mi pedida, ¿te acuerdas de la poesía tan guasona que me dedicaste?, la tengo bien guardada; ¿y del cartelito que me colgó mi madre?…Qué bien lo pasamos, ¿verdad?.

Creo que mi presentación en familia fue cuando falleció tu madre. Desde el principio toda la familia (y aquí incluyo a tus hermanas) me hicísteis sentir tan acogida que no tuve más remedio que quedarme para siempre con vosotros. En nada de tiempo pasasteis a formar parte del “núcleo duro” de mi vida y por extensión del de mi madre. Nunca podré agradeceros lo suficiente la acogida y el cariño con el que la recibisteis en la familia y que por suerte para mi madre sigue manteniéndose al cabo de los años.

Hay tantos recuerdos bonitos y duros que se me vienen a la cabeza…Los bonitos te vienen a la mente rápidamente, son fogonazos que te producen un subidón, una sonrisa y son muchos.

En cuanto a los duros, vaya con los duros, cambió el viento y hubo que agarrarse fuerte porque nos movía la vida y todo lo que nos rodeaba. Tú cáncer de esófago, la artritis de Menchu, los problemas laborales, la crisis…muchos sustos, muchas dudas y mucha ansiedad pero a pesar de todo contigo siempre sereno, cabal, templando gaitas, manteniendo esa “piñita” como dice Menchu bien unida, a flote, con una columna fuerte a la que agarrarnos, con un patriarca que aguantaba todo y siempre estaba ahí, a pesar de que tuvieras problemas de salud, siempre sin quejas, siempre dispuesto a aportar cosas positivas, siempre dispuesto a salir a comprar cables, conectores…las cosas más variopintas que a Carlos se le ocurrieran, ¿te acuerdas suegro querido?.

Hace dos meses que no escribía y has tenido que ser tú el que me hiciera reaccionar, tú que me decías cariñosamente que me estaba volviendo muy vaga y ya no escribía tanto como antes, tú mi fiel seguidor de este Blog al que a veces no le veo el sentido pero que tú apreciabas…Ves, otro motivo más de agradecimiento.

Marido ejemplar y abnegado, con tus ratitos intensos (que me lo contaba Menchu), como todos, porque santos no somos ninguno pero al que no se le puede poner más pero que ser del Madrid.

Ay que ver, con los valores que tenías, ¡deberías haber sido del Atléti! pues nada, del Madrid hasta el último momento, ¿ves como no eras perfecto?.

Padre maravilloso, envidiable, de verdad. Siempre dispuesto a escuchar a tus hijos, intentando aconsejarles lo que creías que era lo mejor para ellos pero sin avasallar a ninguno. Has actuado de calmante y de bálsamo en muchísimas ocasiones. Enhorabuena, has criado a dos hijos buenos que adoraban a su padre con los que has conseguido mantener una relación estrecha y respetuosa que espero que ellos sepan trasladar a sus descendientes, ya sean hijos o sobrinos, tan importante y tan valorado es el papel de uno como del otro. No te preocupes por ellos, son fuertes y me tienen a mí para cuidarles, que a pesada no me gana nadie.

Abuelo Juan, palabras mágicas que conseguían derretir hasta el Polo Norte. Gracias por todo lo que has aportado a mis hijos, no dudes de que me encargaré de que siempre seas un referente para ellos. Abuelo Juan, qué pronto les has dejado…Cuídales desde el Cielo, ya sabes cómo te adoraban.

Suegro querido, ahora que tienes tiempo, intercede por todos nosotros, que sepamos guiarnos por la vida con la rectitud que tú tenías, con la educación, la delicadeza y la entrega a los demás de las que hiciste gala toda tu vida.

Suegro querido, ha sido un orgullo y un honor, haberte conocido. Gracias por todo lo bueno que me aportaste y perdóname si alguna vez no estuve a la altura.

Suegro querido, cuento contigo, como siempre, para seguir adelante.

Suegro querido, sigues presente en mi corazón.

Tu nuera que te adoraba.

Descansa en paz y que Dios te bendiga.

Amén.

Pérdidas y recuerdos

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Esta semana me he enterado de dos pérdidas. De ésas que te revuelven los recuerdos, te llenan la cabeza de nostalgia, tristeza y alegría, una mezcla agridulce pero que de vez en cuando viene bien airear.

En la primera, la protagonista ha sido Nena. Una perrita preciosa, cariñosa, dulce…Un susto destapaba un diagnóstico que se desconocía y por el que se fue al Cielo casi sin hacer ruido pero dejando roto el corazón de su familia.

Si habéis tenido alguna mascota en casa, entenderéis la pena y la impotencia que supone su desaparición. El hueco que se queda sin llenar, la sensación de que al levantar la cabeza de tus tareas o al llegar a casa, estará ahí, esperándote, siempre alegres, durmiendo, cantando. Con esos ojitos llenos de ternura que al mirarte te hacen pensar que en cualquier momento empezarán a hablarte. He conocido gente con loros, periquitos, hámsters, gatos, perros…y todos ellos han sentido muchísimo sus pérdidas.

Por eso, está semana ha sido inevitable recordar a Zoilo. Un cocker negro y fuego que cuando me casé, se quedó en casa de mi madre y que tanto nos ayudó a superar momentos familiares muy delicados. Juguetón, cariñoso, se volvía loquito cada vez que salía a la calle y, ¡cómo roncaba!, con su cariño nos conquistó a todos los que le tratamos. Cuando se fue no pude despedirme y esa pena, se te queda dentro para siempre.

De la segunda, me he enterado esta mañana. El pediatra que me trató tantos años se iba al Cielo dejando en muchísima gente de su ciudad el recuerdo de una vida totalmente entregada a su familia y a su profesión.

Le conocimos gracias al pediatra que me veía en Sabadell donde vivíamos antes de trasladarnos a Jaén. Recién llegados, solo teníamos su referencia a través de una tarjeta que nos había dado su compañero de carrera en Sabadell. Desde la primera visita, él y su mujer se convirtieron en los mejores embajadores para mis padres en ese nuevo destino.

Gracias a Ana, su mujer, tomé el primer bocadillo de chorizo mientras esperaba para entrar a la consulta. Jugaba con sus hijos, creo que tenían cuatro cuando les conocí, años más tarde llegó el pequeño.

La sala de espera era un no parar de tanto niño enredando. En esa sala conocí a mi mejor amiga Marta y a sus hermanas, y nuestras madres se convirtieron a la vez en íntimas amigas. Por suerte, a día de hoy la relación a pesar de la distancia sigue intacta y llena de cariño entre ambas familias.

Gracias a Enrique y Ana, aterrizamos en una urbanización en la que pasé la mejor infancia que podía imaginar. Os remito a la entrada de “Recuerdos de verano”.

Gracias a Enrique y Ana, entré en mi colegio en el que estuve desde los tres hasta los dieciocho años.

Son tantos, tantos los recuerdos que se me vienen a la cabeza… Vestidos míos prestados a sus hijos para una fiesta de disfraces, la tranquilidad que nos transmitía cada vez que acudíamos a él cuando estaba enferma, verles siempre tan unidos…

Recuerdos de dos etapas diferentes de mi vida de las que he vuelto a hacer balance en estos días y de las que a pesar de la emoción y la tristeza de tantos recuerdos revividos, han conseguido hacerme sonreír porque el tiempo, hace que veas las cosas con perspectiva y serenidad, con Paz. Esa Paz tan necesaria para “disfrutar” recordando aunque se te quiebre la voz y un nudo en la garganta te obligue a coger aire para continuar.

Así que gracias a Nena y gracias a Enrique por todo lo que me habéis removido, porque me quedo con tantos y tantos buenos momentos vividos y revividos esta semana.

Que Dios tenga en su Gloria a mi pediatra, un hombre bueno y que Nena esté ya disfrutando con Zoilo, Lúa y tantas otras mascotas que seguro estarán esperándonos en el Cielo.

Amén.

Mi vida según los astros

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Llevo unos días cavilando sobre lo que me depararía mi presente y mi futuro astral, así que dicho y hecho, gracias a Internet tengo un amplio abanico de opciones para consultar el horóscopo del día, del mes, del año, el tarot, la numerología, el horóscopo chino, etcétera, etcétera.

Resultados, como siempre según dónde lo consulte.

Veamos, estoy en un buen momento para comenzar a cambiar mi vida. Dejar que entren nuevos aires, darle entrada a personas que antes creía que no tenían nada que ver conmigo, pero que en realidad pueden aportarme mucho. Tengo que dejar de desconfiar de todos, ¡viva la humanidad! o en versión cañí, “to er mundo es güeno”.

Laboralmente, unos dicen que mi esfuerzo no se va a ver reconocido e incluso peligrará mi puesto. En otras consultas, trabajaré tanto que acabaré exhausta pero mi proyección llegará hasta los niveles más altos de mi empresa.

Mi salud necesita que duerma bien y haga ejercicio moderado (aquí no se han roto mucho la cabeza). Va a ser un año de cambios irreversibles, pero para bien, ¿cómo?, no me lo cuentan.

En el amor, mi relación de pareja va viento en popa. Mi pareja será muy comprensiva con mi ritmo de trabajo. El amor está en el aire y lo notarán todos los que me rodean, o sea, que seré una pesada suspirona y pastelosa. Para otros, se avecina una infidelidad de mi pareja y no me quedará más remedio que asumir la separación y juntar los pedazos que queden de mi, me quedo helada y espero que éstos se equivoquen.

Según la numerología, soy hospitalaria y amistosa. También intuitiva con respecto a las sensaciones y las emociones de los demás, en este punto, dicen algo que ojalá consiga y es que sé leer el alma de las personas. ¡Qué bonito!.

Quiero dejar algo claro, sobre esa persona que aparecerá en mi vida para que le deje dinero, mejor le leo el alma, le doy achuchones y le invito a una piruleta de corazón pero en cuestión de money, money, “vuelva usted mañana”.

Como veis, basar tu vida en este tipo de predicciones te pueden llevar a un subidón enorme o a meterte bajo las sábanas y esperar que acabe el 2.017. Da sustito pensar en todas esas personas que cada día consultan su horóscopo predisponiéndoles para actuar de una manera o de otra. ¡Dónde dejamos el azar!.

¿Y yo qué voy a hacer?, pues quedarme con lo bueno, y lo malo pensar que desvarían y que no tienen ni idea de hacer predicciones, ¿o sí?.

Bueno, le pondré perejil a San Pancracio y una velita a la Milagrosa, por lo que pueda pasar…

Querido diario

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Querido diario:

Hoy cuando ha sonado el despertador, he abierto los ojos con una sonrisa, feliz por haber dormido 6.30 horas. He atinado a ponerme las zapatillas correctamente a la primera y haciendo respiraciones y estiramientos de cuello, he bajado a prepararme el desayuno.

El café tenía un sabor delicioso y lo he acompañado de dos magdalenas y dos bizcochitos de chocolate industriales llenos de colesterol y espero que sin aceite de palma, entiende querido diario que a las 6.45 mi vista no acierte a leer con claridad tanto E-…, y sus derivados, pero ¡qué más da cuando son las 7 de la mañana, de un miércoles cualquiera y los pajaritos cantan!. Al sol todavía no le he visto, tiene suerte y duerme más que yo…

El lavavajillas lo he vaciado al ritmo de los comentarios de Federico (el director de “Es la Mañana de Federico” en Es Radio) con su toque diario de ironía y positivismo, visualizando los “brotes verdes” que se siguen llevando los mismos chorizos y chorizas de todos los días pero, ¡no pasa nada!, soy feliz en ese instante porque estoy centrada en guardar los cubiertos con una sonrisa dedicada a toda mi vajilla, gracias querido lavavajillas por hacer tan bien tu trabajo y dejarme todo reluciente.

Mis hijos han sido dos angelitos que han desayunado en un periquete. Por supuesto se han lavado sin rechistar, se han vestido y han llevado la ropa sucia al cesto sin tener que repetírselo ni una vez. Les ha dado tiempo a jugar y a dejar todo recogido, ¡se respira tanta calma en el ambiente!.

Todo “fluye” con tanta armonía que hasta me dan ganas de cantar como Froilan María en “Sonrisas y Lágrimas” pero como no se saben las canciones, opto por “Susanita tiene un ratón” ésta la siguen mis niños con sus voces dulces y afinadas como angelitos.

Sigo “fluyendo” mientras me arreglo…Opto por un conjunto de la temporada 20.., no doy pistas que luego me copiáis, bueno, solo una, mis hijos eran bebés…¡pero es que me encanta la ropa vintage!.

Mi marido se ha afeitado sin cortarse el pescuezo porque está tan espabilado por haber dormido 6 maravillosas horas y se ha levantado tan descansado que se siente a tope de motivación para empezar a trabajar y dejarse la vista en la pantalla del ordenador pero ningún problema porque está tan, tan guapo con gafas ( esto es en serio). Los “disgustillos” le han llenado la cabeza de canas pero como ese pelo es más fuerte cuando se vuelve plateado, así no se quedará calvo, ¿ves querido diario como todo es maravilloso?.

Mi pequeña peludita “Lúa”, se encarga de “guardar” las zapatillas de casa de todos, a lo mejor han desaparecido las plantillas o les ha hecho un agujerito pero así se ventilan y salen los malos olores. Es un amor peludo que casi, casi no se le sale el pipí del periódico, ¡es una cachorrita tan perfecta!.

Y así con tanto amor, seguimos “fluyendo” cada uno en sus obligaciones.

Esta tarde volveré a mi casita y se me iluminará la cara cuando vea todo lo que tengo en “pendientes” pero, querido diario, ahí estarás tú de testigo para dejar constancia de la ilusión que me hace limpiar los baños y hacer puré.

Querido diario, ¡qué bueno es saber PRIORIZAR!.

“¡Volando voy, volando vengooooo…!”.

 

 

 

1, 2, 3…1, 2, 3…¿Bailamos?

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Confieso que yo también he caido en el embrujo de “La La Land”. No creí que fuera a verla porque al ser un musical dudaba de si tendría acompañante pero por suerte pude ir a verla con mi mejor acompañante.

Salimos encantados. Para mí resurgió la “magia” que hacía siglos que no sentía con ninguna película. Dos horas de bailes, canciones, mucho jazz, un vestuario (el de ella) tan femenino, tan favorecedor…ese sueño compartido…Y no os cuento el final porque confío en que podáis verla.

Volvíamos a casa tan contentos por haber disfrutado tanto…¡plan perfecto!, hasta que llegamos a casa y nos esperaba uno de los niños con otitis…La noche redonda acabó en urgencias (nada grave). Aún así, seguía sumida en ese estado de sonrisa permanente mientras consolaba a mi pequeño que rabiaba de dolor.

Cuando la casa se quedó en calma y mi insomnio vino a acompañarme empecé a recordar que hace poco repusieron en algún canal la película “¿Bailamos?”. Muchos recordaréis a Richard Gere asistiendo a clases de Bailes de Salón con una profesora que quitaba el hipo (Jennifer López). Otra comedia romántica de sofá y mantita sin un gran argumento pero con esas coreografías y tanto “amor en el aire” que acababas totalmente entregado y deseando buscarte unas clases de baile urgentemente.

Los Bailes de Salón serán otra de las espinitas que se quedarán en mi lista de deseos sin cumplir porque así como a las clases de Danza del Vientre iba yo sola tan feliz, para aprender a bailar el tango, el chá, chá, chá, el vals, la salsa…quiero hacerlo con acompañante, el problema es que mi acompañante favorito, no está dispuesto a lanzarse a la pista de baile.

Total, que ante la falta de acompañante de al menos 1.70 cm. (mis hijos aún no cuentan) tengo que conformarme con bailar conmigo misma. ¿Lo habéis probado?, solo necesitas estar solo y dejarte llevar por la música, fluir…ya sea con auriculares, con la radio de casa, con la del coche o con la tele.

No pongáis caras raras porque, ¿no os habéis fijado en la cantidad de gente que va moviendo la cabeza y cantando en cualquier parte?. En mis desplazamientos diarios hay muchísima gente siguiendo el ritmo de la música con la cabeza, con los piés…Hay una chica con la que coincido algunas mañanas en la parada del autobús para ir a Madrid que no baila pero lleva puestos los auriculares y canta como si estuviera sola, bastante regular pero dando unas voces que espabila y asusta hasta a los perros más madrugadores.

En el metro hay un porcentaje altísimo de gente con los auriculares puestos y muchos irán con musiquita para empezar el día con fuerza. Yo me encuentro entre ellos, aunque lo mío es a un volumen discreto porque los hay que la llevan tan alta que la van compartiendo con todo el vagón. En Madrid hay tanta conciencia social que compartimos los virus, las toses, los malos olores y, ¡hasta la música!.

Recuerdo que cuando estaba embarazada y de baja, me encantaba ponerme música en casa, no solo por estimular a los bebés sino porque necesitaba moverme, estirarme y con las hormonas tan a flor de piel, iba alternando sevillanas, rumbas, pop o rock. Me ponía la radio o los auriculares y me echaba unos bailecitos frente al espejo que tengo en mi habitación, así libremente, ¡era una pasada!.

Total que con esta delicia de película y al volver a ver la de ¿Bailamos?, creo que lo que me encantaría aprender es el “quick step”. Se baila en pareja y mientras bailas vas dando como pequeños saltitos, me parece que algo parecido es lo que sale en los números de baile de La La Land y en muchos otros musicales.

¿Y de dónde viene tanta afición al baile?. Estoy segura que de mi madre. Le encantaba el ballet y por injusticias de su época, no la dejaron dedicarse a ello aunque sé que también aprendió bailes regionales y más adelante sevillanas, rumbas…siempre ha intentado seguir ligada al baile y de ahí me vendrá la vena bailonga que por ahora también han heredado mis hijos.

En mi búsqueda sobre a qué clase de baile apuntarme, antes de decidirme por la Danza del Vientre (como os conté en otra entrada), fui a hacer una clase de prueba de Danzas Griegas. No me preguntéis cómo se me ocurrió porque no me acuerdo, solo sé que estaba en fase de búsqueda y encontré la posibilidad de dar una clase gratis de este tipo de danzas. La academia estaba por el centro de Madrid. Los alumnos eran de edades variadas, poquitos, porque os imaginaréis que esa modalidad no tenía muchos seguidores pero, ¡lo pase genial!.

El profesor que yo lo esperaba griego era argentino, no sé qué tienen pero son una gente especial, están en todas partes y ¡saben de todo! (con todos los respetos). Pasé una hora bailando en corro diferentes danzas entre ellas el sirtaki. ¿Os acordáis del anuncio de la colonia Andros que tendrá mil años?. Yo pensaba que esa clase sería como estar en el anuncio pero nada que ver, mucha gente bastante mayor, el profe argentino y no un auténtico griego, hicieron que me desanimara y no volviera más. Estaba claro que mi vena artística no iba a ir por las danzas griegas.

Ahora con los niños no pierdo ocasión de bailar con ellos, hacemos un poco el ganso y lo pasamos genial.

Pero los mejores bailes los he tenido sin duda en la cocina. Llevo casi 10 años bailando con mi mejor acompañante, ése que no iría a unas clase de baile ni borracho pero que no duda en bailar “agarraos” en nuestra cocina.  Así, solos, disfrutando de unos segundos de unión, de risas, de confidencias sobre nuestro día,  mientras nos reflejamos en la cristalera de la terraza de la cocina veo pasar la mejor película de mi vida.

¿Y tú, también bailas?.

Gripe: Delirios y tomates

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Y ahí estaba yo. En cama, tapada hasta las orejas, de tiritona en tiritona, disfrutando de una gripe heredada de uno de mis hijos.

Siempre me pasa igual, en cuanto les recupero a ellos, yo que barro para casa, me quedo con sus virus, ¡los primeros del año!. Estos los voy a marcar en rojo en el calendario porque una gripe no se coge todos los dias, o si, ya no me acuerdo. Es lo bueno que tengo, no soy rencorosa, y ellos (los virus), lo saben y vuelven a mí como los mosquitos en verano.

En ese duerme vela, entre pesadillas, frío y calor, empecé a repasar tareas pendientes. Como no era capaz de escribir en la agenda del movil porque mi nivel de consciencia no era el suficiente para que mi dedo marcara en el pequeño teclado, pensé en grabar notas de voz.

Busqué dónde estaba y empecé a balbucear entre mocos y fiebre. Al escucharme me asusté, “decil mamá Kirikico de babissss”, “qué cena, cenan ellos”…

Sé que me quedé adormilada en algún momento y que volví a escucharme cuando creía que había vuelto a la consciencia pero eso sonaba a una cacofonía del más allá solo entendible por Iker Jiménez.

Tanto esfuerzo por fijarme en la pantalla del móvil hizo que acabara llorando, yo pensé que por el fiebrón, mi mente creo que por vergüenza ajena.

Pero este virus no podía ganarme la partida así que probé a mantenerme despierta ojeando una revista de decoración. Por respeto a la publicación me reservo el nombre porque si no, seguro que me quitan la suscripción.

Ver casas maravillosas cuando estás hecha unos zorros y tu casa sobrevive a tu gripe a duras penas, me provocó taquicardia.

Al llegar a los trucos de limpieza ya me vi más en mi salsa. ¡Lo que voy a aprender!. Antiácaros, vapor, lavado de peluches…¿cómo retener tanta información?, fácil, doblando las esquinas de las páginas para volver a mirarlas más tarde.

No sé si os habrá pasado pero yo he encontrado revistas sobre los cuidados de la casa en verano en noviembre, y con ésta pasará igual pero en mi estado semi inconsciente, doblar un pico o media página era un triunfo y,  !por supuesto que iba a poner los consejos en práctica!, este año sí que sí porque mi nuevo yo de 2017 iba a ser ¡la más en todo! .

Seguí dormitando y dándole vueltas a las manchas de tomate, las peores y más resistentes. Soñaba que frotaba y frotaba y no salían hasta que en la revista encontraba la solución, echarles aceite y sal y frotar, claro, siempre hay que frotar aunque la publicidad del mejor quita manchas diga lo contrario.

Otra vez me desperté balbuceando “con aceite, con aceite”. Volví a grabar mi descubrimiento pero llamé al Buzón de Voz…

Entre tanto delirio voy a deciros algo cuerdo, cuerdo: Huye con el tomate porque el aceite y la sal intentarán ponerse en contacto con vosotros en un idioma raro, raro.

 Ahí lo dejo.

Antiácidos, insomnio y resaca

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¿Cómo va esa resaca del Champán, o del Cava, o de la cena, o de la comida? Porque con la excusa de que a todo le ponemos el “toque navideño” parece que se puede abusar como si fuera el fin del mundo y cuando llega el mañana, es decir, el día siguiente, hoy para ser más exactos, ¿qué hacemos?.

La mayoría de mis entrevistados juran que no fue para tanto. Que en realidad no cenaron/comieron tanto. Que es que la salsa estaba fuerte, que el aliño del pulpo resucitaba a un muerto, que el cuñado no paraba de servir vino y más vino, y que acabaron brindando por la Navidad, la familia, la salud, el dinero, el amor, la unidad de España…

Con los digestivos, vino la eterna cuestión de si el Rey emérito unía mucho a los españoles pero que si Felipe VI ya no es lo mismo….Actualidad política, Letizia si, Letizia no, astronomía, la chica de Galicia desaparecida, la crisis que no nos deja levantar cabeza….y así turrón va, turrón viene… A mí me tocó ir de coche escoba comiéndome todas las pruebas de dulces de Navidad que hicieron mis hijos y que no acababan de convencerles. Me sentía como el jurado de Master Chef probando de todo y poniendo buena cara aunque no me convencieran a mí tampoco.

El día de Navidad, a la familia nos invitaron a comer fuera. Comida espectacular, deliciosa, con sobremesa y buena charla pero no lo fue tanto para mi estómago.

Por desgracia, me he acostumbrado a comer un sándwich preparado en casa o de los de las máquinas de comida de mi trabajo, y una fruta (si he estado lo suficientemente despierta para acordarme), así que tantas exquisiteces empezaron a dar vueltas y más vueltas por mis conductos y no debían encontrar hueco para colocarse porque me dieron una tarde movidita. Menos mal, en mi bolso de Mary Poppins llevaba un antiácido maravilloso que me ayudó a terminar la tarde bastante mejor aunque me dio una pena, ¡para un día que como delicias y sentada en una mesa preciosa!…

Nada, me he convertido en otra estresada de la vida que come en la cola del autobús o sentada en el tren antes de enlazar con la recogida del colegio de los niños, ¡para lo que he quedado!.

Por la noche, seguía revuelta y esperando a que se me pasara, acabé otra vez insomne, parece que vuelve a convertirse en costumbre. Por más que bostezo no acabo de caer así que me dedico a escribir, ponerme al día con la prensa, tejer…Lo que no se me ocurre es poner la tele ni comer, curioso, ¿no?.

Como la noche del 24 al 25 es mágica, en mi insomnio estuve a punto de unirme a mis vecinos, los de las paredes de papel. A la 1 de la mañana en el silencio de la noche, estaban disfrutando en su tele de un concierto de Navidad de villancicos en inglés que resonaba por mi escalera. Me pareció que sonaba Bárbara Streisand, era tan bonito, que me senté en la escalera a escucharlo hasta que me quedé helada y opté por seguir acurrucada en el sillón leyendo hasta caer como un tronco. Por suerte, mis hijos son dos tronquetes con un sueño muy, muy profundo y no oyen nada.

Hoy me lo he dado de descanso pero mañana tengo que pensar el menú de Nochevieja. Ante los recuerdos del runrún de mis tripas, lo haré con una manzanilla al lado que veo que me he vuelto muy sensible, y repasando lo que he escrito, muy ñoña (cachis).

P.D: Para los que no recuerden hasta dónde llegaron con los villancicos y la exaltación de la amistad, os dejo un consejito que seguro que os viene de perlas.

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¿Preparados, listos…?

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Bueno, ¡que llega la Navidad! (de perogrullo, pero por si queda algún despistado).

¿Listos para todo lo que se nos viene encima?. Porque se acaba el año y hay que echar el resto en todos los sentidos y sin sentidos así que, ¡a por ella! que ya tendremos tiempo para descansar en enero, ¿no?.

Empezamos con los excesos divertidos.

A cuatro días de Nochebuena hay que darse prisa en buscar ese look rompedor para dejar a tus hermanas, cuñadas y amigas súper maravilladas. Por ejemplo, comprándote esa blusa dorada de lamé que no te atreverías a llevar en otra época del año o unos pendientes extra grandes que deslumbren a tu abuelo. ¿Quién podría resistirse a un jersey de pelo largo a lo “hombre de las nieves”?.

De peinado, un moño con ese toque de gomina de Moco de Gorila (ya sabéis que esa marca me hace mucha gracia) que te hace parecer eternamente sorprendida por lo que te estira el pelo, y las pocas ideas que tienes en la cabeza. En tus piececitos, unos taconazos que te hagan quedar excesivamente alta cuando vas a saludar a los mayores de la familia y que te congelará la sonrisa pintada con ese rouge de femme fatal para ocasiones especiales.

En cuanto a los preparativos estomacales para los excesos culinarios, supongo que habréis hecho alguno de esos tratamientos detox para limpiar vuestro organismo a base de limón, agua caliente, infusiones de plantas del paraíso y un poquito de hambre, acompañada de muchas botellitas de agua tan, tan ideales pero que tan, tan poco calman los ruidos que hacen tus tripas.

Total, que bien limpios por dentro y por fuera gracias también a las rodajas de pepino y demás mascarillas maravillosas, estamos listos para comidas, comilonas y lo que el cuerpo aguante pero recordad, siempre con los antiácidos bien cerca.

En mi caso, preparada por dentro y por fuera, estoy dispuesta a reventar la báscula por no hacer un feo a nadie. En estas comidas y cenas, los aperitivos me chiflan, los platos caseros son un lujo que no todos los días del año me puedo permitir. Si hablamos de polvorones y turrones total, son una vez al año pero sobre todo, me muero por la sopa de almendras de mi madre, la espero todo el año como el más exquisito de los manjares.

Entrando en confidencias, os confieso que hoy he estado ojeando esa ropa interior “mágica” que te embute en cualquier vestido, pantalón, etcétera que te recoloca, te sube o te baja lo que necesites pero después de muchas vueltas,  no me he atrevido. He pensado, mejor hago una locura…¡que vivan las carnes al natural!…temblando estoy porque no me he probado nada y no sé si entraré en alguno de mis looks de noche, horroooor y pavoooor me va a dar.

Y ahora ya en plan más espiritual, va siendo el momento de echar mano a los buenos pensamientos y deseos para todos los que nos rodean, familiares, amigos y compañeros. Pero no nos olvidemos de todos los “personajes secundarios” que han formado parte de nuestro año y sin los cuales no podríamos haber llegado hasta esta fecha de hoy, 21 de diciembre, inicio del invierno.

Gracias a todos los que me habéis acompañado este año en lo bueno y en lo malo, y a los que me habéis dejado formar parte de vuestras vidas.

Os deseo paz, serenidad, salud, trabajo para todos los de mi lista de “pendientes” y mucho amor para repartir a los que os rodean.

Y por supuesto, mucho ánimo a todas las mamás y papás que en unas 24 horas empiezan las vacaciones escolares así que, ¡que Dios reparta suerte y a disfrutar mucho, mucho, mucho!.

Dulces tentaciones en el súper

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Desde hace unos días cada vez que vamos a un supermercado vemos como los dulces de Navidad han aparecido en las estanterías con sus colores llamativos que hacen imposible pasar sin fijarse en ellos.

En una de mis compras, ojeando todas las dulces tentaciones, intenté recordar qué había en esas estanterías antes, pensé que serían chocolatinas y demás pero no puedo asegurarlo.

Más o menos sé por dónde están las cosas que suelo comprar pero ese tentador pasillo lo evito todo lo que puedo a no ser que los niños se me escapen en una carrera con las cestas de la compra y acabemos cayendo en algo que tenga mucho chocolate y sea una bomba calórica para ellos y para sus papás que se solidarizan encantados.

En esas tonterías iba pensando cuando intentando concentrarme en no salirme mucho de la lista de la compra giré sin pensarlo y ¡zas!. De repente ahí estaba yo deslumbrada y rodeada entre dos largas estanterías de cajas de polvorones, mantecados, surtidos navideños, especialidades de todas las regiones españolas (qué país más dulce somos), turrones, mazapanes, alfajores, hojaldrinas, trufas, dulces de las monjas de todas partes…

¿Y qué haces en esa situación?. ¿Pasas como una bala como cuando evitas al de la encuesta que te persigue para que te hagas socio de algo, a paso rápido pero sonriendo?. ¿O te paras y empiezas a mirar los precios del turrón comentando a media voz, ¡qué caro está este año!, cuando en realidad estás salivando por llevarte algo de todas esas delicatessen?.

Pues ya que estás te paras, miras, remiras, comparas tamaños, sabores y de pronto empiezan a “caer” en la cesta, turrón de choco para los niños, las hojaldrinas de toda la vida, una caja con un buen surtido para cuando vengan la familia o visitas…cuatro o cinco cositas para entrar en ambiente, ¿no?.

Luego llegar a la caja e ir colocando las cosas en la cinta, entre los huevos y los yogures empiezan a aparecer las cajitas y paquetes de colores bién llamativos que como una alarma para que todos te miren, la cajera ondea dejando patente que eres presa fácil de las campañas del supermercado, mientras que a tu conciencia de consumidor empieza a parecerle un exceso imperdonable.

La cajera pasa las cosas en silencio. El chico que va detrás de ti solo con una barra de pan, chorizo y dos refrescos te mira mal porque tu cesta no sé vacía nunca y tú disimulas como puedes diciendo en alto: ¡vienes a por dos cosas y hay que ver de todo lo que te acuerdas!… “Seguro, piensa el chico, ésta se va a poner morada”, pero noooo, la cajera con su media sonrisa piensa “ésta ya no entra en el vestido de Fin de Año, aguanta Maritere que te quedan cuatro semanas de régimen y estarás divina”.

Al preguntarme si quería bolsas, le dije que no, ¡y menos mal que llevaba las mías!, porque así todo quedaba disimulado por los dibujos de mis bolsas y nadie, nadie, vería mis pruebas de culpabilidad.

En casa como os imaginaréis la reacción fue totalmente diferente. Todos estaban encantados de caer en el chocolate, la manteca, el azúcar, dulces manjares que tuve que esconder para evitar que mis golosones se dedicaran a la caza de la hojaldrina.

Y así es como este año empezamos a impregnarnos del espíritu navideño antes que nunca.

Menos mal que la vida está llena de escaleras para subir y bajar. Solo es cuestión de pensar en los comentarios “bienintencionados” de las familias que se avecinan en estas próximas fechas de Paz y Amor para ponerte en modo hiperactivo.

Por suerte me quedan tres semanas, ¡yupy!.