Algo se muere en el alma cuando alguien querido se va

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Suegro querido,

¿Te acuerdas la risa que nos daba cuando te llamaba así?. Creo que Menchu se ponía un poco celosilla, ya ves, si ella me bautizó como “la princesita rubia”, ¡cómo no va a ser también especial para mí!…

Hace dos días que no estás con nosotros y no me sale hablarte en pasado…pero es que te noto tan presente que creo que en cualquier momento me va a llegar un chiste, o un vídeo de esos que me mandabas, que por cierto, los chistes quitando los de política, bastante machistas…luego Carlos se reía de mí por tus chistes…¡cachis Juan!.

Inevitablemente toca recordar y eso duele mucho, pero también sirve para volver a dar gracias por los once años que pude compartir contigo.

Hace poco volví a ver las fotos de mi pedida, ¿te acuerdas de la poesía tan guasona que me dedicaste?, la tengo bien guardada; ¿y del cartelito que me colgó mi madre?…Qué bien lo pasamos, ¿verdad?.

Creo que mi presentación en familia fue cuando falleció tu madre. Desde el principio toda la familia (y aquí incluyo a tus hermanas) me hicísteis sentir tan acogida que no tuve más remedio que quedarme para siempre con vosotros. En nada de tiempo pasasteis a formar parte del “núcleo duro” de mi vida y por extensión del de mi madre. Nunca podré agradeceros lo suficiente la acogida y el cariño con el que la recibisteis en la familia y que por suerte para mi madre sigue manteniéndose al cabo de los años.

Hay tantos recuerdos bonitos y duros que se me vienen a la cabeza…Los bonitos te vienen a la mente rápidamente, son fogonazos que te producen un subidón, una sonrisa y son muchos.

En cuanto a los duros, vaya con los duros, cambió el viento y hubo que agarrarse fuerte porque nos movía la vida y todo lo que nos rodeaba. Tú cáncer de esófago, la artritis de Menchu, los problemas laborales, la crisis…muchos sustos, muchas dudas y mucha ansiedad pero a pesar de todo contigo siempre sereno, cabal, templando gaitas, manteniendo esa “piñita” como dice Menchu bien unida, a flote, con una columna fuerte a la que agarrarnos, con un patriarca que aguantaba todo y siempre estaba ahí, a pesar de que tuvieras problemas de salud, siempre sin quejas, siempre dispuesto a aportar cosas positivas, siempre dispuesto a salir a comprar cables, conectores…las cosas más variopintas que a Carlos se le ocurrieran, ¿te acuerdas suegro querido?.

Hace dos meses que no escribía y has tenido que ser tú el que me hiciera reaccionar, tú que me decías cariñosamente que me estaba volviendo muy vaga y ya no escribía tanto como antes, tú mi fiel seguidor de este Blog al que a veces no le veo el sentido pero que tú apreciabas…Ves, otro motivo más de agradecimiento.

Marido ejemplar y abnegado, con tus ratitos intensos (que me lo contaba Menchu), como todos, porque santos no somos ninguno pero al que no se le puede poner más pero que ser del Madrid.

Ay que ver, con los valores que tenías, ¡deberías haber sido del Atléti! pues nada, del Madrid hasta el último momento, ¿ves como no eras perfecto?.

Padre maravilloso, envidiable, de verdad. Siempre dispuesto a escuchar a tus hijos, intentando aconsejarles lo que creías que era lo mejor para ellos pero sin avasallar a ninguno. Has actuado de calmante y de bálsamo en muchísimas ocasiones. Enhorabuena, has criado a dos hijos buenos que adoraban a su padre con los que has conseguido mantener una relación estrecha y respetuosa que espero que ellos sepan trasladar a sus descendientes, ya sean hijos o sobrinos, tan importante y tan valorado es el papel de uno como del otro. No te preocupes por ellos, son fuertes y me tienen a mí para cuidarles, que a pesada no me gana nadie.

Abuelo Juan, palabras mágicas que conseguían derretir hasta el Polo Norte. Gracias por todo lo que has aportado a mis hijos, no dudes de que me encargaré de que siempre seas un referente para ellos. Abuelo Juan, qué pronto les has dejado…Cuídales desde el Cielo, ya sabes cómo te adoraban.

Suegro querido, ahora que tienes tiempo, intercede por todos nosotros, que sepamos guiarnos por la vida con la rectitud que tú tenías, con la educación, la delicadeza y la entrega a los demás de las que hiciste gala toda tu vida.

Suegro querido, ha sido un orgullo y un honor, haberte conocido. Gracias por todo lo bueno que me aportaste y perdóname si alguna vez no estuve a la altura.

Suegro querido, cuento contigo, como siempre, para seguir adelante.

Suegro querido, sigues presente en mi corazón.

Tu nuera que te adoraba.

Descansa en paz y que Dios te bendiga.

Amén.