De escaleras y acordeones

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Estoy totalmente convencida de que durante las vacaciones han hecho algo con mis escaleras diarias y estoy muy mosqueada.

No se me ha ido la pinza, no creo la verdad, pero es que los escalones están más duros, las escaleras mecánicas son más lentas y a medio día me “mata” un músico pesado y agotador que fastidia canciones preciosas con su acordeón.

Todo esto me ha llevado a la conclusión de que odio el acordeón. Seguramente soy de esa generación que creció con María Jesús y su acordeón, la de “Los pajaritos”, ¿os acordáis?. No la canto porque os la pego seguro.

Recuerdo los veranos en Fuengirola, cuando por la noche en las terrazas de los hoteles los extranjeros achispados, mis amigas y yo nos lanzábamos como locas a hacer el baile sin ningún complejo. La tocaban una y otra vez, era un bucle del que no salías hasta que tus padres seguramente hartos también del acordeón, nos sacaban de allí.

Total, que he debido de crecer traumatizada y este trauma no ha dado la cara hasta que el músico del Metro me ha taladrado la cabeza con su acordeón. Creo que sabe que no me gusta nada porque por más que corro bajando las escaleras hacia el Metro, más rápido toca o destroza la canción de turno.

De ahí la sensación de que a mis escaleras les han hecho algo. Puede que con el calor no puedan correr más o que estemos ahorrando energía y por eso van más lentas. El caso es que por las mañanas tengo la misma sensación solo que además noto que mis compañeros de viaje también van más lentos que de costumbre. Supongo que andaremos todos adaptándonos a la vuelta a la rutina del trabajo, clases, madrugones…

Así que hago un llamamiento para que vuelva Frank (nombre ficticio) de mi músico de tramo de escaleras y su trompeta, para que vuelva a dirigir el “tráfico” mañanero del Metro.

Si en Mercadona ya hay turrón de chocolate, que vuelva mi Frank  y si trae turrón, ¡mejor que mejor!. Luego ya lo bajaremos subiendo y bajando las escaleras del Metro y de la oficina.

No me he podido resistir a colgar esta foto de María Jesús y su acordeón en Benidorm donde parece que hizo un carrerón. Seguro que a muchos os saco unas sonrisas porque si en vez de abuelitos fueran niños, ¡vosotros estaríais ahí!.

Y yo también, claro. Qué fuerte es a veces recordar…

Motivación desmotivada

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Estos días que “disfruto”de vacaciones, se han convertido en la semana de la limpieza y el marujeo doméstico.

Os preguntaréis como se me ocurren estas locuras en vez de descansar y dedicarme a tomar el sol. Muy fácil, me he dado cuenta de que hemos sobrevivido todos estos meses en “modo verano” (al calor aún está por verse) y que la casa lleva 3 meses ventilándose de tal manera que necesita y está pidiendo a gritos una puesta a punto, o al menos es lo que yo creo que me está diciendo.

Y nada, ando haciendo limpieza de juguetes, ropa que ya no le sirve a los niños, recuerdos perdidos de hace años que aparecen en los armarios y que ahora te horrorizan, bailarinas que no tiraste porque siguen siendo muy monas aunque te destrozan los pies… Y así llegamos a las tareas del día a día a las que en “modo corre que no llegamos” del resto del año, por suerte ahora, puedo dedicarles más atención.

Por ejemplo, esta mañana ha tocado plancha. Esa gran amiga que te deja la ropa maravillosa aunque su efecto dura menos que la estela de un cometa. Pero como estaba decidida a sacar el atasco de ropa pendiente, nada mejor que acompañarlo de musiquita para motivarme.

Mi banda sonora ha ido empezado con Mina, El dúo dinámico, Frank Sinatra y otras tantas canciones de los setenta que he cantado a voz en grito mientras sudaba y me dejaba los riñones planchando de pie.

A mitad de la faena, me he modernizado y lo he fastidiado totalmente cuando se me ha ocurrido buscar en You Tube a Bruno Mars y ¡oh, error, error!, he puesto la actuación que tuvo con su banda en el desfile de Victoria Secret….La canción sonaba genial, la actuación era chulísima, hasta que han empezado a salir “los angelitos” y toda mi motivación se ha ido a hacer puñetas.

De pronto, mi vestido de flores se veía fresquito pero demasiado casero, de mi coleta caían gotitas de sudor y el efecto del ventilador de techo no le aportaba ningún glamour a mi baile entre camisetas por planchar de todos los tamaños….

Mientras, las modelos seguían desfilando espectaculares, se mezclaban con la banda de Bruno Mars y los miles de aplausos de un público totalmente entregado.

Conclusión, si planchas, cuidado con la música que eliges porque puede hundirte toda tu motivación por culpa de unos “angelitos”, nada inocentes.

Para muestra, os dejo unos documentos gráficos con los que entenderéis como me he quedado de chafada. Después de este bajonazo, he optado por irme a la piscina con mis niños a lucir bikini y michelines.

Mañana elegiré mejor mi selección musical porque tocan sábanas y eso merece algo heavy, heavy.

Recuerdos de verano (2)

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Recuerdo como de lo más divertido del verano, cuando llegaban los días de las fiestas. Todos los años hacia el 15 de agosto estábamos con la agenda llena de competiciones deportivas, de juegos de mesa, pero había dos eventos que eran “lo más”: el desfile de disfraces y la fiesta con discoteca hasta las 3 de la mañana en la pista de tenis.

Desde días antes de la famosa fiesta de disfraces, las mamás se afanaban en inventarse disfraces de todo tipo. Se les ponía la imaginación en marcha y acababan sacando disfraces de hombres “primitivos”, emperadores romanos, fantasmas, demonios…dándole vueltas a las telas, las sábanas y a cualquier cosa que tuvieran a mano.

Mi madre que cosía a máquina me hizo verdaderas maravillas de disfraces como el de hawaiana de pequeña y de mayor, de hada, de holandesa, de mora, de zíngara…Luego los íbamos prestando y aprovechando los de las demás niñas de manera que siempre andábamos reciclando y adaptando disfraces.

Un año, fuimos seis niñas disfrazadas de bolsas de caramelos. Llevábamos unas fundas de plástico transparente del cuello a las rodillas y por dentro, globos envueltos en celofán de colores. Cada una representaba un color y nos distinguíamos por las cintas que llevábamos en el cuello y en las coletas. ¡Quedó chulísimo!.

¡Y cómo no acordarme de cinco hermanos chicos que un año salieron disfrazados de niñas!. Iban cogidos de la mano, sin hablar, con vestidos y zapatos que su madre le había pedido a la mía y a las de mis amigas previamente, con coletas y unos coloretes bien redondos. Recuerdo a unas señoras que comentaron al verlos: “A estas pobres su madre solo las ha peinado y las ha pintado unos coloretes”. Hay que reconocerles que lo hicieron muy bien y aguantaron el desfile sin reírse a pesar de que todos les fuimos reconociendo al ir dando vueltas a la piscina desfilando totalmente emocionados.

En cuánto a las fiestas de discoteca, eran la noche que los padres tenían la cena de mayores en la pista de tenis y por allí andábamos revoloteando y dando la lata todos los niños. Cuando acababan, empezaba la música con unos pasodobles, las parejas iban arrancando a bailar hasta que “el pincha” se lanzaba a poner Mecano, Georgi Dann, las canciones del verano…Mientras, todos bailábamos con mayor o menor gracia hasta que los padres se retiraban y nos mandaban a la cama, ¡qué pesados!. Nosotros suplicábamos, “una más y nos vamos”, hasta que de verdad nos íbamos a la cama cansados pero aún nerviosos por tantas emociones.

Estos retazos de mi infancia, los guardo con mucho cariño. En ese tiempo aprendí a nadar con los monitores que venían todos los veranos a darnos clases antes de que se abriera la piscina. Al final del curso nos entregaban un diploma de aprovechamiento, aún tengo alguno guardado.

También aprendí a soltarme con la bici grande de dos ruedas, una Motoretta roja, gracias a Marisol, la chica que cuidaba a unas amigas y que con más paciencia que un santo nos iba enseñando a todas.

Tres cohetes nos avisaban el sábado por la tarde de que iba a empezar la Misa. Cada uno bajaba su silla de la piscina y nos agrupábamos por familias. La cantidad de vecinos de nuestra urbanización y de las cercanas que venían. Por suerte, Santa María del Jontoya, nos protegió mientras estuvimos bajo su amparo.

Así iba pasando el verano, haciéndonos expertos en las bocinas de las furgonetas de reparto. Nunca falta el panadero y su bollería deliciosa que en seguida se le agotaba; las frutas y las verduras de la huerta de Blas; el lechero; el pescadero; el de los huevos traídos de no recuerdo qué granja; y el del camión de las bombonas de butano que las movía para que reconociéramos que era él. Desde luego no podíamos comer cosas más sanas, ¡directas de las granjas y las huertas!.

Para terminar me quedo con el recuerdo del cine de verano. Detrás de mi bloque, donde aparcaban los coches pusieron una lona enorme que cuando no se usaba se quedaba subida como un toldo, y en la pizarra de la pista de tenis, adelantaban la programación de esa noche. Bajábamos con sillas de la piscina, bocadillos, chuches, mi botellas de agua era una de cristal de Frucos, de los zumos. Todos los veranos repetían Grease y cuando salía una escena un poco subidita de tono, los papás se encargaban de cortar la cinta y seguían con la proyección. Al acabar, los mayores intentaban encontrar los trocitos de lo censurado, qué recuerdos…

Me siento privilegiada por haber tenido esos veranos tan divertidos, tan acompañada de buenas amigas con las que aún mantengo la relación y alejados del calor de la ciudad.

Ha tenido que pasar muuuuuucho tiempo para que los buenos recuerdos sobresalgan sobre los malos (que también los hubo) pero como digo, gracias mamá y gracias papá por tantos veranos felices.

P.D: La foto es real pero no doy pistas de los integrantes porque ya ha llovido mucho desde que nos la hicieron.

Recuerdos de verano (1)

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Hoy he estado haciendo memoria de la cantidad de Santos de personas conocidas que se celebran en verano; la Virgen del Carmen, San Enrique, Santa Ana y San Joaquín, Santa Marta, San Ignacio, la Virgen Blanca, la Virgen de la Paloma, Santa Elena… Un ramillete bastante grande que unido a otros cuantos cumpleaños, daban como resultado que mis veranos de la infancia fueran una fiesta continua.

Por aquel entonces, veraneaba en una urbanización preciosa a las afueras de Jaén. Éramos de los privilegiados que podíamos huir del calor espantoso que hacía en la ciudad y que por las noches se volvía insoportable y eterno.

En esta urbanización pasé una infancia feliz rodeada de amigas que sigo manteniendo a pesar de los años y la distancia. Nunca las olvidaré ni a ellas ni a sus familias que acogieron a la mía, sin ser de Jaén con todo su cariño y nos hicieron sentir totalmente integrados.

Cuando acababa el colegio en Junio, empezábamos a aterrizar por allí cargados de maletas, ventiladores, menaje de cocina, la olla exprés y mil utensilios más que hacían que visto desde fuera parecieran auténticas mudanzas para tres meses.

La urbanización estaba llena de niños de todas las edades y al ser una cuidad pequeña, éramos muchos los que nos conocíamos del cole, de la parada del autobús, por ser familia, total, que en cuanto llegaba el mes de Julio, comenzaban a ponerse en marcha las efemérides con San Enrique. Casi sin pensar, me vienen a la memoria cuatro, así que nos pasábamos el día felicitando a los padres y a los hijos. Todos nos tratábamos como para felicitarnos aunque luego no volviéramos a coincidir ningún otro rato. Ahí se notaba el ambiente de cercanía y de urbanidad que teníamos todos.

Por desgracia, cada vez, nos alejamos más los unos de los otros y los médios electrónicos han suplantado a los abrazos y besos “reales” que nos dábamos por cualquier causa de celebración que se nos planteara.

Con la Virgen del Carmen, Santa Ana y Santa Elena, el número de felicitaciones subía bastante. Es curioso que en Madrid apenas se celebran los santos pero allí, era una fiesta y algún regalito te llegaba siempre, generalmente algún Barriguitas o Barbie, o algún libro.

Yo estaba feliz con cualquier cosa que me regalaran pero nada se podía comparar a cuando por la Virgen del Carmen, llegaba la noche y la tuna de Peritos venía a rondar a Carmen.

Carmen, es la matriarca de una familia muy querida para mí. Su marido, Antonio, era profesor en Peritos, tan bueno y tan agradable que nadie podía resistirse a sus peticiones. Ooooh, ¡cómo tocaban de bien!, ¡qué vistosas sus capas llenas de cintas!. Ensimismadas al son de “Clavelitos”, soñábamos que algún día también vendrían a rondarnos a nosotras. Lo más cerca que los tuve fue cuando rondaron a mis vecinas del segundo piso porque un primo de ellas formaba parte del grupo, y yo estaba en el primero, escuchándoles con mi abuela Nené que se sabía todas las canciones. Cuando acababan, subían a casa de la que festejaba y les invitaban a una cervecitas para recuperar fuerzas antes de marcharse.

Creo que más adelante para el cumple de la hija mayor de Carmen, Marisa, también volvían a venir a repetir su actuación. Siempre me quedaré con esa espinita clavada de que no me rondaran a mí pero luego evolucioné a los Mariachis y si alguien cercano a mí lee esto, ya sabe, mejor mariachis que la tuna.

Hasta aquí en cuestión de santorales y demás efemérides.

En breve seguiré compartiendo más recuerdos porque los casi cuatro meses que alargábamos el verano, daban para muchos más recuerdos y anécdotas.

Tanto que pensar

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Esta noche tengo tanto que pensar, tanto que reflexionar que ni con un caramelito consigo dormir.

Estoy inquieta, miro al cielo y me pierdo entre tantas estrellas. ¿Recuerdas cuando me hablas de planetas, galaxias, nebulosas?…me encanta, pero me pierdo entre esas dimensiones de trillones de kilómetros o años luz…

Me pongo mi gorra de capitana y entro en “I Sea”. No os podéis imaginar lo que se parece el Mediterráneo a la distancia que lo veo gracias al satélite que me manda mi cuadrante para buscar pateras, al cielo de la noche. Todo son tonos de azules llenos de puntitos blancos y negros, haciendo formas más o menos caprichosas que “juegan” a despistarme en mi misión y a ver casi formas de animalitos y objetos como cuando miras al cielo lleno de estrellas o de nubes.

Sigo inquieta, ni el cielo ni el mar consiguen relajarme.

¿Y la Tierra?. Masacres, odio, guerras, abusos, enfermedades…nada que no sepáis. Sumergida entre tanta pena y tanta rabia, busco la Paz perdida, la serenidad, pero me duele el alma, ¿puede doler?, no tengo ni idea, a mí se me pone un nudo, no sé si se parecerá a eso…

Busco el consuelo en la oración, mi Fe me acompaña a pesar de tanta duda y tanto dolor. Rezo a pesar de ir contra corriente, aunque “sea de viejas”. No decaigo, cada día busco nuevos santos a los que confiarles mi “mochila” y sé que a su manera me renuevan las fuerzas, me dan oxígeno para aguantar un día más.

Por desgracia no tengo la suerte de que cambien las cosas pero sí me siento acompañada, cada vez noto más esas presencias que me empujan hacia delante, que me traen a la mente pensamientos de fuerza y lucha para el día a día.

Aunque no todo es tan sencillo y color de rosa. Hoy por ejemplo, aquí sigo inquieta, no encuentro la manera de acabar el día, o más bien de dejar que arranque el nuevo día, y descansar antes de empezar las tareas del nuevo.

Qué ingenua pensar que en una noche voy a encontrar la solución a los problemas del mundo…

Descansa cabecita loca, el pilar de una familia tiene que cargar las pilas para estar presente y fuerte para los suyos.

Duro es el papel encomendado a los pilares. Si a ti también te ha tocado, bienvenido, a base de empujoncitos nos iremos recolocando entre todos.

Y no olvides, que esta es tu casa.

Te espero.

Me ha faltado contarte…

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Me ha faltado contarte que es verdad que todavía hoy sigo viendo desde la cama el planeta Marte, que según me dices irá bajando y en unos días no le veré más. Los niños ya saben localizarlo desde su ventana, se ha convertido en una costumbre despedirse del día buscando la Luna y Marte.

Me ha faltado contarte que hoy, al final, acabo agobiada porque después de repasar todo lo que he hecho, me ha faltado….¡uf!, mil cosas que se van quedando para mañana o pasado…

Me ha faltado contarte otra vez que tenía que haber hecho el gazpacho, ya sé que te lo he dicho más veces, que no pasa nada pero qué rabia no haberlo tenido para la cena.

Me ha faltado contarte que la puerta del baño sigue crujiendo y con estos inicios de noche de vendaval que estamos pasando, suena a película de terror.

Me ha faltado contarte que entro en “I Sea” y dudo de si esa serie de puntitos blancos tan lejanos podrían ser una patera. Busco sin saber muy bien el qué y voy pensando, ¿dónde estáis?, estoy aquí para ayudaros, definiros un poco más, por favor…

Me ha faltado contarte que con tanta ventana abierta y ese viento serrano de primera hora de la noche, saldremos volando con la cama como en “La bruja novata”.

Me ha faltado contarte que con tanta ventilación me despierto de madrugada helaíta buscando una mantita, y que me mata tener que ponerme el antifaz porque no amanece por el Este, ¡amanece dentro de nuestra habitación!.

Me ha faltado contarte que me preocupa que mis seres queridos sufran, incluso esos que se quedaron lejos. El tiempo suaviza las heridas y te permite, si le dejas, que entre la Paz en ti.

Me ha faltado contarte que entiendo tu preocupación, tus silencios, pero que aquí estoy para acompañarte o para llenarlos.

Me ha faltado contarte que los niños no se duermen sin tus achuchones, que te adoran.

Me ha faltado contarte la suerte que tengo de que estés aquí, que nadie como tú para entenderme, para levantarme, para animarme.

Me ha faltado contarte que creo en ti y doy gracias por tenerte a mi lado.

Me ha faltado contarte que sigo insomne perdida pero recuperando la Paz.

Me ha faltado contarte que mañana puede ser un gran día.

Te quedaste dormido…descansa.

Yo velaré los sueños de todos, la Luna, Marte y las estrellas me acompañarán.

 

Tentaciones en el súper

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Hace unos días haciendo la compra, me paré a pedir una barra de pan. En esta sección de panadería y pastelería hay tantas cosas apetecibles que no sé bien en cuál fijarme, me llevaría de casi todas pero procuro ponerme las orejeras, pedir la barra y salir corriendo lo más rápido posible hacia la fruta y las verduras, como buscando lo verde, lo sano, las vitaminas y huir de las grasas, las empanadas, el azúcar, las cremas, el chocolate…

Esa tarde en particular iba con una pequeña lista. Iba a ser una compra rápida, sabía dónde estaba cada cosa, era llegar, cogerlo y marcharme. No contaba con que mi conversación con la chica de la panadería-pastelería iba a ir más allá del mero saludo, la petición concreta y un “nada más, gracias”.

Cuando estaba guardando la barra de pan e iba a marcharme, de pronto se dirigió a mí y me dijo, ¿no querría llevarse unos pastelitos?. Horror y terror, ¿yo pasteles?, la miré con angustia y conseguí justificar mi negativa con que estábamos en plena operación bikini y que hay que ver la de cosas tan ricas que tenían, que era una tentación horrible pasar por allí.

La pobre no sé si pensaría, “menuda pirada, si todos piensan igual, no voy a vender nada”, o “qué chica más graciosa, ¡qué humor!”. Me inclino por el primer pensamiento.

Luego mientras empujaba mi cesta llena de comida sana y no tan sana, pensé, que hay que ser tonta para no darte un capricho, pero confieso que el problema es que ¡no habría sabido qué elegir!, dulce o salado…aquí aparece mi indecisión…tic, tac, tic, tac…Ya puesta, seguro que habría cogido no sólo para mí sino también para Carlos y los niños porque si yo caigo, caemos todos, ¡of course!.

Por suerte, sobreviví a la tentación y encima encontré una oferta estupenda de cereales tipo Special K con chocolate con un precio genial.

Salí del súper con mi bolsa reciclable hasta arriba, el bolso lleno de snacks para los niños y la barra de pan a punto de escaparse del bolso, ondeando como una bandera para que todos vieran que salía del país de las tentaciones sin un dulce, aunque eso sí, con el hombro destrozado pero lo más recta posible para no perder el equilibrio.

Al llegar al coche, bebí mucha agua para auto convencerme de lo bien que lo había hecho y lo poquito que había tardado.

Esa batalla la gané pero la guerra es tan, tan larga y mi espíritu tan débil que no sé cuánto aguantaré sin pillar un trozo de empanada para la cena y unas magdalenas caseras, caseras para los desayunos pero eso, será otra historia.

Reflexiones en la siesta

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Llega la pausa de después de comer, todo recogido, los niños acostados, y yo necesito frenar…

Una hora o un poco más para conseguir parar el cuerpo y la mente. No más cosas pendientes, no más tengo que hacer, no más dejar volar la imaginación…solo yo y el silencio.

Respiraciones suaves, pausadas…Vamos cuerpo mío, relájate, descansa…

Dulce sueño, despertar pegajoso.

Bajo diez escalones y llego a mi retiro, mi escena de paz, entro e intento quedarme, respiro y descanso, al fin.

Cómo evitar el sol con estilo (y si ya es tarde para ti, cómo corregir el fotoenvejecimiento)

Os dejo esta entrada muy interesante. Yo ya sé qué reparador necesito.
Cuidadito con el sol!

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Es impresionante la cantidad de mujeres que nos negamos en redondo a dejar de tomar el sol por más que los daños sean evidentes.  Sabemos que el fotoenvejecimiento es el daño solar acumulado en las células de la piel después de tantos años de exposición solar, pero lo que no asumimos es que el 80% del envejecimiento que vemos en nuestro rostro se debe al sol.  Ahora imagínate eliminar de tu rostro (haz como las famosas y usa Photoshop ) las arrugas profundas, la piel engrosada, las manchas y las asperezas. Fuerte, no?

camionero-expuesto-al-solSi leíste la guía para principiantes, verías una foto simulada de como sería un rostro femenino mitad con daño solar y mitad sin él, pero como lo simulado no convence, hoy puedes apreciar el caso real de un camionero de 69 años con un lateral de su rostro expuesto durante 25 años al sol…

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Armas de mujer veraniegas

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Con el verano aumentamos nuestros cuidados personales sobre depilación, manicura y pedicura y melena. ¡Yo hablando de estética!, sigue leyendo…

Abren las piscinas, vamos a la playa y hay que deshacerse del anti estético vello corporal. Algunas privilegiadas con la depilación láser se han olvidado de este engorro pero muchas seguimos con la Silk Epil, cuchillas…El caso es que aunque creas que has terminado con el vello y te hayas dejado la vista mirando y remirando para comprobar que tus piernas son pura seda, siempre, siempre, aparecerá alguno en el momento y en la situación que menos te lo esperas.

El caso es que no sé qué tiene la luz directa del sol que nada más sentarte en la toalla y ¡ahí está!, un minúsculo pelo que no viste con la luz del baño y que se quedará contigo toda la mañana, claro está.

Otras veces, el “superviviente” no es tuyo, es de tu amiga o vecina y no puedes dejar de mirarlo, parece que te desafía desde la axila ajena, y es otro que se queda a pasar la mañana contigo.

Cuando ya hemos dominado el vello, viene la tarea del pelo. Este año me he comprado un acondicionador bifásico para proteger el cabello de todos los rayos que se atrevan a acercarse a él. ¿Qué tal funciona?, os preguntaréis, no tengo ni idea. Sigue muy bien guardado en el armarito del baño esperando que su dueña se acuerde de que lo tiene. Espero que al escribirlo ahora se me fije en la mente. De mi pelo, me acuerdo cuando intento quitarme la goma de la coleta después de bañarme y trato de desenredarlo, ahí me acuerdo del bifásico y de lo desastre que soy para mis cuidados.

Como veis, soy muy basiquita en los cuidados de verano en general, voy a lo importante y a lo que menos tiempo me quite. Para mí es más importante no olvidarme de las gafas de bucear de los niños y de dos cambios de bañadores para ellos que mis cuidados “imprescindibles” para sobrevivir al verano.

Pero no en todo soy un desastre, anoche avancé con la manicura y la pedicura. Aproveché la prórroga del Croacia-Portugal, que los niños ya dormían, y por fin estoy hecha una señorita. Arregladita para ponerme sandalias y lucir los pies blancos que tanto me cuesta que cojan color, ¿por qué será?.

Lo que sí ha cogido color es la mitad de mi escote. No es que tome el sol con un bañador excesivamente cerrado, es que desde hace unos años, me temo que por los excesos de juventud, de habérmelo quemado tantas veces, a parte de tenerlo lleno de pecas y lunares (manchas, dicen) que a mí me encantan, la parte alta coge el color más rápido que el resto.

La culpa es de que antes de hacerme fan de la protección solar 50, con mis amigas nos dedicamos a experimentar con cremas solares caseras y “milagrosas” como crema Nivea con mercromina, Coca Cola con algo más y aceite de oliva con no sé qué. Por suerte no acabamos con quemaduras importantes pero fue una barbaridad que desde luego no recomiendo probar a nadie.

Hoy he estado en la piscina tan preparada que me sentía extraña. No sé si era porque me pesaban las uñas por el esmalte, porque estaba más aerodinámica para correr detrás de los niños por la falta de vello,  o que mi pelo paraba las radiaciones solares por el acondicionador, y me sentía como una súper heroína con poderes en la cabeza para parar los rayos de los malos.

El caso es que al verme en el espejo del ascensor, confieso que el resultado merece la pena, aunque tantas armas de mujer son agotadoras y duran demasiado poco. Es como cuando se planta de repente una nube y te quedas sin sol, sin darte cuenta, ya estás luchando otra vez contra el vello que no se cansa de aparecer, creciendo cada uno a su ritmo, ¡qué provocadores por favor!.

Bueno, no os desaniméis con vuestros cuidados que seguro que estáis fantásticas. Yo seguiré con mis prácticas y me repetiré como un mantra estético, ¡porque yo lo valgo!.