Protocolos, protocolos y más protocolos

protocolo

Protocolo según la RAE:

1. m. Serie ordenada de escrituras matrices y otros documentos que un notario o escribano autoriza y custodia con ciertas formalidades.
2. m. Acta o cuaderno de actas relativas a un acuerdo, conferencia o congreso diplomático.
3. m. Conjunto de reglas establecidas por norma o por costumbre para ceremonias y actos oficiales o solemnes.
4. m. Secuencia detallada de un proceso de actuación científica, técnica, médica, etc.
5. m. Inform. Conjunto de reglas que se establecen en el proceso de comunicación entre dos sistemas.

La vida está llena de protocolos, en el trabajo, en los acuerdos internacionales, en el transporte público, en la sanidad, en los colegios, en la Administración Pública, en las situaciones de emergencia…

Los ciudadanos los asumimos como normas con las que se rigen nuestros pasos y pocas veces nos planteamos si son los adecuados o no, decimos amén o en español castizo “esto son lentejas, si quieres las tomas y si no, las dejas”.

Pero ¿qué pasa cuando te lees alguno de estos mantra y descubres que no estás de acuerdo?. Ahí empieza tu tormento porque si no se te pasa el desacuerdo en unos minutos y sigues erre que erre y pones en marcha tu cabeza, empiezas a leer, a buscar información, opiniones de otros que también se plantean que otras opciones son posibles y tu vida empieza a convertirse en una pesadilla.

Ay de ti, incauto, agitador, pesado…¿Vas a saber más que los que legislan, los entendidos, los asesores, los consejeros, los especialistas?. Agárrate fuerte que vienen curvas.

Asi que en esa carretera llena de curvas me encuentro. A veces poco acompañada y otras, con mucha compañía, tanta que esa variedad de compañeros hacen que se den unas mezclas de opiniones que solo coinciden en el mosqueo por el protocolo de marras y en absolutamente nada más, son los que reaccionan al son del maestro de orquesta de turno.

Ya sabemos que el pensamiento único es peligroso, que lleva a fanatismos que nos traen dolorosos recuerdos de hace no tantos años y que debemos evitar que vuelvan a repetirse pero me pregunto si el otro extremo de apuntarse a todas las quejas contra tanto protocolo y tanta supuesta imposición no estará llevándonos a acabar manejados por los mantras de los entendidos de turno mezclando ideas de aquí y de allí y cayendo al final en otros protocolos/mandatos de entendidos que igualmente pretenden dirigirnos.

Creo que para evitar dejarte llevar por unos u otros protocolos, no hay que dejar de hacerse preguntas, informarse, ser diferente, aunque te haga ir contra corriente. No vaya a ser que por dejar que tu vida la manejen los entendidos acabes perdiendo tu capacidad de asombro, de dudar y acabes viviendo al son que te marquen los protocolos de turno, y de eso nada, porque tú tienes derecho a ser diferente, tú  tienes principios que no se mueven ni en las curvas.

Ahí lo dejo.

Espero que coincidamos en alguna curva.

 

 

Ni Zen ni San Zen

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Brrrrrr, al próximo que me diga que es fantástico que llueva, ¡le vacío el agua que llevo dentro del zapato en la cabeza!

Vale ya de buenismo meteorológico (Uff, parezco la Fiscal Olga Sánchez del Juicio del 11M, alias “Vale ya” para mi locutor de radio favorito).

En este mundo caótico donde un 30% de probabilidades de lluvia se traduce en una tromba de agua y las nubes en realidad, significan sol y alguna nube perdida, yo me planto.

Da igual donde consulte el tiempo que es un carrusel de locuras y emociones a prueba de infartos donde si aciertan te hace tanta ilusión como que te toque el reintegro de la Primitiva.

¡Qué vuelva Mariano Medina! Ese sí que era un señor serio y en cuanto salía te mandaban quedarte calladito porque era Don Mariano.

Ahora jugamos a ver si coincide alguna previsión del tiempo vía móvil, ordenador o tele, aunque pensándolo mejor, más que en el tiempo, el respetable se fija en lo corto del vestido de la locutora o en la altura que tendrán los tacones que le han plantado.

Pero yo me quedo con un chico que da el tiempo en el canal 24 Horas. No sé si los días de diario también saldrá en La Primera pero yo le veo las mañanas de los sábados y los domingos formando parte de ese día de la marmota en que consisten las Telenoticias desde las 8 o las 9 de la mañana mientras trasteamos y desayunamos. De pronto llega el espacio del Tiempo y ahí está él con su traje de chaqueta “ajustadito”. Empieza con el botón de la chaqueta cerrado hasta que un segundo después mientras habla y se estira para marcar Galicia o Baleares, pum, ya la lleva abierta.

Pensaréis que me he vuelto loca pero como a esas horas las noticias son en bucle, lo cual debe ser agotador para las locutoras, en una hora puedes verle desabrocharse la chaqueta 4 o 5 veces. Dan ganas de darle una colleja y decirle que se deje quieto el botoncito pero como no se enteraría pues acabo farfullando conmigo misma, bien porque esté sola o porque mi tribu aún no acierta a decir nada más que un “hola” al cuello de su camisa.

Así que estoy por ir a recoger a los niños en barca o en lancha motora para ilusión de mis hijos.

Y del pelo, ¿qué me decís?

¡Arriba las ondas o el pelo chafado!

Y que Dios reparta suerte…¡Va por ustedes!

El Zen, lo perdí en un charco.

 

 

 

La risa tonta

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Seguro que más de una vez os habéis dado cuenta de que pensando en vuestras cosas, leyendo o escuchando la radio esa sonrisa que se asomaba a vuestros labios se había convertido en una sonora carcajada.

De pronto tus vecinos de asiento, cola, semáforo o paseo, casi, casi se vuelven asustados porque en esta sociedad es más fácil pensar que al risueño le falta un tornillo que ver a través de esa risilla contagiosa y pensar, ¡qué tío más feliz!, ¡qué bien se lo pasa consigo mismo!

Porque, ¿y si la risa es provocada por una patochada propia?. Pues eso es genial!, es señal de que has llegado al punto tan necesario de ser capaz de reirte de ti mismo y creedme que eso es síntoma de madurez, personalidad y positivismo aunque solo dure unos segundos y luego volvamos a ver las cosas en grises, durante unos minutos/segundos has sido FELIZ.

Tú, que sacarías un sobre sueldo como plañidero, que darías el perfil para dar las noticias sobre la crisis económica, los tornados y demás catástrofes.

Hey! Tienes tu “puntito salao”, no seas celoso de tu intimidad y compártelo, llena por unos minutos la vida de los que te rodean de tonterías, sí tonterías, pequeñas anécdotas…

Quién sabe si das pié a una gran cadena de chascarrillos que iluminen por ejemplo este lunes que casi acaba, o mejor mañana ¡martes y 13!.

Yo acabo de provocar a mis compis de bus con unas cuantas carcajadas a costa de un audio buenísimo que no pienso compartir por más que me miren inquisitivos.

Venga, ¡amar es compartir! y la vida ya es bantante dura para llevarla tú solo.

Suéltate…

La gruta

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Erase una vez una gruta donde algunos días iba a refugiarme del mundo.

La gruta se encontraba al bajar unas escaleras, un sótano con planta de cruz, con paredes y techos pintados de blanco, con gotelé antiguo, alargado, del que “rasca” si te pegas demasiado a la pared. La iluminación con bombillas de bajo consumo dentro de tulipas demasiado opacas le dan un toque a casa antigua.

Toda ella invita a sentarse y dejarse llevar por lo que tienes dentro, todo eso que solo quieres compartir contigo mismo, con los que solo escuchan y te dejan hablar.

Sentada, solo se oyen murmullos y el ruido que hacen los zapatos cuando arrastras los pies, las arrugas y toda una vida. Mujeres que casi conozco de verlas cada vez que voy, siempre sonrientes, silenciosas a su manera.

Alguno podría pensar que es una sala para meditar, pero no lo es, yo prefiero llamarlo según el día, mi habitación del pánico o mi rincón de la alegría.

Cuando cruzo la mirada con alguno de mis vecinos me transmiten una paz que hace que mi rato sea de total recogimiento, parece que entienden que es tan adictivo y tan necesario para llevar mis rutinas diarias que me emocionan.

Ojalá vinieras, ojalá lo entendieras y lo compartiéramos, te daría la mano y la Paz.

Os dejo esta imagen de una gruta en Bustamante, Nuevo León, Méjico, país al que le tengo un cariño especial.

 

Espejo, espejito

 

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Conoces esa sensación de mirarte en el espejo y pensar que es como si te vieras por primera vez?

Hay mañanas en las que aunque sé que me he despertado porque soy capaz de bajar la escalera y poner en marcha la cafetera, no es hasta que no me miro en el espejo del baño cuando descubro que es como si no me conociera y hubiese algo nuevo o diferente en mi cara que no hubiera visto antes.

Pasado el “susto” inicial de reconocerme con ese peinado indefinible como si hubiera estado luchando con la almohada (cosa que no he podido descartar a día de hoy) y esas nuevas o más marcadas líneas de expresión que desde hace no sé cuánto tiempo me llevan acompañando, al mirarme hay algo que no estaba ayer.

He intentado descubrir de qué podía tratarse y mis conclusiones han sido las siguientes: los focos de encima del espejo se alían contra mí para que me espabile por las mañanas, en el silencio de la madrugada a solas conmigo misma puedo escuchar cómo se despereza mi ser, como crecen las pestañas, se abren los párpados, de mis bostezos salen los primeros sonidos de mi garganta…no, no se me ha ido la pinza, aún no (creo).

Todo este rollo para comentaros que hace unos días ha sido mi cumpleaños y me siento más vieja, así, sin paños calientes…

Desde aquí desafío lo políticamente correcto y lo confieso sin pudor. Ni pestañas creciendo, ni  saludos al sol, lo que veo en el espejo es que cada vez me llaman más la atención las arruguitas que me van cruzando la cara, las de sonreír y las de las preocupaciones, las ojeras que forman parte de mí desde tiempos muy, muy lejanos, las manchitas de los rayos del sol tomado a lo bruto cuando echarle mercromina a la crema de la lata azul de Nivea, era lo más de lo más.

Todos esas experiencias han ido quedando grabadas en mi cara y como si fuesen mi ADN, revelan gran cantidad de datos sobre lo que ha sido mi vida, de la cual hay mucho de lo que no me arrepiento.

Conforme iba escribiendo esta entrada, llego a la conclusión de que si tuviese presupuesto para hacerme unos arreglos en la cara, a pesar de un sí inicial emocionado, no creo que al final fuese capaz de retocarme nada. No por miedo a cómo quedaría que desde luego es algo serio a tener en cuenta, si no porque cuando a la mañana siguiente me mirara en el espejo del baño, habría desaparecido mi yo, mis vivencias y no me reconocería.

Si me retocara, perdería el pensamiento mañanero de “si pudiera me quitaría las patas de gallo y las manchas del sol” pero sobre todo, porque no tendría los besos y los abrazos de los chicos de mi vida, para los cuales mi cara a pesar de mis “imperfecciones”, es la cara de la mejor mamá del mundo.

Carreras mañaneras

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Si os digo que el running está de moda, me diréis que menuda novedad. Si os digo que hay mil variedades de ejercicios aeróbicos, seguro que haremos una buena lista  y si os digo que yo practico casi todos a diario, pensaréis que escribo bajo el efecto del esmalte de las uñas.

A ver, no es que de pronto me haya convertido en una atleta olímpica es que en mis desplazamientos diarios hago ejercicios propios de muchos deportes como os pasará a muchos de vosotros.

Mi día empieza esquivando y saltando a veces a Lua, la pobre tiene el don de estar en medio de todas partes hecha un ovillito así que mientras ella duerme plácidamente, yo me dedico a mantener los ojos lo suficientemente abiertos para no pisarla y arreglarme esquivándola como puedo.

Salida a la calle, ahí ya me pongo en modo sprint aunque me sobre tiempo. Voy con el coche concentrada como si fuera a ganar una medalla a la mejor y más espabilada conductora del mundo.

En el tren (porque con la huelga que sufrimos mis vecinos y yo, no cojo el bus) “descanso” en un asiento pensado por el enemigo en el que para llegar a apoyar la cabeza en el respaldo acabas contracturado seguro. Estiro las piernas como puedo sin pisar al de en frente y hago estiramientos de cuello muy lentamente para no dar con el pompón del gorro a mi vecina de asiento.

Cuando llego a mi destino las escaleras mecánicas me esperan y entro en modo observador porque no hay cosa más divertida para ver a esas horas que a una masa humana corre que te corre por las escaleras.

Esta entrada podría haberla llamado “Carreras de tacones” pero parecería que dejaba fuera a los chicos y en este caso, son los que dan más juego.

Salimos por los tornos del tren y ¡comienza la carrera!. La masa humana se apelotona por subir por el lado izquierdo de la escalera. Los chicos que llevan las manos libres parten con ventaja, corren y corren hasta llegar a la salida en un santiamén.

Más rezagados van subiendo los demás. Los de las bolsas de comida, los de las bolsas de deporte, los de los móviles en la mano. Todos ellos van a la carrera y haciendo “pesas” con las bolsas. Practican también el esquivar al de al lado o “uy que te meto la bolsa de deporte en el ojo” porque muchos de ellos entran en modo “soy primitivo y llevo la bolsa apoyada en el hombro como si cargara un ciervo  para alimentar al poblado”. Los genes, que tiran mucho.

A veces hago apuestas conmigo misma a las carreras. Eliges a dos corredores de escaleras, ¿listos?…¡ya!…No creais que gano siempre porque una respiración más pausada puede hacer que pierdas el ritmo y se te cuele otro corredor que desbarate tus planes.

Hoy de las chicas no digo nada.

Espero que os sirva como diversión mañanera como a mí.

 

Desde la barrera

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Estamos tan acostumbrados a ver imágenes impactantes del mundo y sus locos ocupantes que parece que ya nada te puede mover ni un pelo.

Ya pueden enseñarnos la fuerza destructora de un ciclón o el hundimiento de un pueblo entero por un terremoto que permaneceremos tan tranquilos y no saldrá de nosotros más que un ufff o un qué horror tan vacío que no sabremos si realmente llegamos a decirlo en alto o fue solo un pensamiento.

Qué negativa parezco, ¿verdad?, y qué exagerada. Desde luego, nosotros no somos así, yo no, y tú tampoco, ¿verdad?

Si te cuento una historia, ¿me atenderás y todavía se te pondrán los pelos de punta?

Esta historia real te la cuento incompleta porque aunque me faltan datos, con los que tengo ya es bastante espeluznante.

Erase una vez una chica de unos veintidós años residente en una gran ciudad que un día en el portal de su abuela dejó a su bebé de tan sólo un mes. Por suerte, una vecina de la abuela la vio y avisó a la bisabuela de la criatura haciéndose cargo de la niña. La historia continúa con idas y venidas de la madre llevándose y dejando de nuevo a la pequeña, incapaz de hacerse cargo de ella, con otra hija de tres añitos, una pareja en la cárcel y ella misma hundida en el alcohol.

Tremenda historia y muy cercana, más de lo que creemos.

Otra más. Profesional de éxito con un pasado marcado por la violencia de su exmarido, sí, gracias a Dios, exmarido. También cercana, horrible.

A ver si esta te suena familiar, aunque ojalá que no…Madre de familia, dos hijos con contratos precarios, marido parado, dando de sí cada euro que maneja para estirarlo hasta el día más avanzado posible del mes aunque en este caso final de mes se adelante al día doce.

No. Esto no puede convertirse en un ufff o un qué fuerte.

No es normal y no quiero acostumbrarme.

Y tú no seas tibio, haz gala del arrojo que llevamos dentro como cuando te rebelas ante tus injusticias, las tuyas, las que te duelen, porque te aseguro de que tienes mucho para dar y no solo materialmente.

Piensa, actúa. Esa madre alcohólica podría ser tu hija, tu vecina, todos podemos vernos en una situación desesperada y seguro que no te gustaría recibir por respuesta un ufff.

Para mí antes que conquistar Marte, estás tú, están los cercanos y los más lejanos.

Así que, vamos, dame la mano y salta conmigo la barrera, ¿quieres?

 

El “toque”

VARITA

Noviembre, mes de recuerdos de seres queridos, de transición hacia el ansiado diciembre con su puente-acueducto y las Navidades cercanas.

Parece que llega el frío, ¿la lluvia?, el cambio de hora que nos trae luz tempranera, demasiado pronto en mi opinión y oscuridad haciendo la digestión de la merienda.

Solo llevamos dos días de mes y pienso en cómo animarlo. Es verdad que en Madrid capital tenemos el día 9 la festividad de la Virgen de la Almudena, pero es un mes soso que necesita un toque de animación.

Anoche al preguntar a una amiga por la evolución de su madre recién operada de la rotura de un brazo, acabé despidiéndome de ella en modo cursi, y me vino a la cabeza, que todos los que me rodean andan necesitados de achuchones extra, de ánimos para llevar el día, el mes, la vida.

Sé que somos privilegiados por vivir en esta parte del mundo, que debemos valorar tantas y tantas oportunidades, comodidades, atenciones de las que otros carecen pero también sé que a cada uno le duele lo suyo, lo que por la lotería de la vida le ha tocado vivir y sufrir, inmersos todos en nuestra lucha diaria.

Así que, ¿cómo dar un “toque” especial, breve pero intenso a los que me rodean? He pensado en tirar de lo que tengo más a mano pero como mi presupuesto es cero patatero porque sigo subiendo y subiendo la cuesta de enero, recurro al “do it yourself”, o en versión cañí, “yo me lo guiso y yo me lo como”.

Como gracias a las nuevas tecnologías vivo rodeada de mensajería telefónica y correos electrónicos que entregan lo que escribo casi al segundo, tiro de ellos y ¡oh la lá! pongo en marcha mi plan para noviembre.

Y en ello estoy, tirando de corazones, caritas sonrientes, señas amorosas, abrazos, flores, frases cariñosas y demás cursilerías para darle mi “toque” personal a noviembre, el triste, para provocar sonrisas, besos y más besos de contestación, coloretes de subidón, muecas de incredulidad…en fin, conseguir que la Revolución de los “toques”, te llegue, les llegue y me llegue.

¿Qué por qué este mes y no otro?, porque el dolor, la soledad entre tanto acompañamiento digital, la enfermedad, las guerras con otros y con nosotros mismos nos hacen vivir a la velocidad del rayo casi sin mirar y escucharnos a nosotros mismos y a los que nos rodean.

Llámame cursi, pastelosa, ingenua pero ayúdame a convertir otoño en primavera y llena a todo el que te rodea de rosa, colores pasteles, gotas de perfume, notitas con caritas sonrientes, frases de amistad y amor eterno, lazos en el pelo, prendidos de flores…

¿A qué esperas?

Enviar, enviar, enviar…

 

 

 

 

 

La ventana

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No recuerdo cuánto tiempo hace que miro por esa ventana. Meses, un año ya, en realidad no importa mucho.

La vista es abierta, bonita, el jardín cuidado y verde, parece que transmite armonía, calma, y sin embargo hacia dentro el panorama es tan distinto…Más mayores, más jóvenes, solos, acompañados. Todos se miran a hurtadillas, todos pensaran que cómo estás ahí, pues como ellos, ¿o te creías diferente?

Revistas sobadas, hojas de reclamaciones o sugerencias dentro de una urna de cristal, ¿serán las mismas que estaban la última vez?, quizás.

El tiempo se mata leyendo, devorando el movil, hablando por él, haciendo crucigramas, escribiendo… más o menos tensos, más o menos sonrientes, más o menos convencidos o resignados.

Normales pero diferentes, todos con algo en común, la ventana, viendo lo mismo que tú.

Empápate del verde de la hierba y de los árboles, es el color de la esperanza, o eso dicen, hazlo tuyo.

Desde hoy comparto contigo la ventana, quién lo diría, ¿verdad?

Respira, la ventana será testigo mudo.

Recuerda, normales pero diferentes.

Estás en el buen camino, ¡seguro!

 

 

 

Un sábado cualquiera

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Un sábado cualquiera aprovechando que tenía toda la mañana para adelantar cosas en casa porque mis chicos habían salido a hacer recados se me ocurrió cogerles la radio-cd’s y ponerla en la cocina.

Para escuchar la radio, pensaréis, pues no, ese sábado tocaba disfrutar de mi música, la que aburre a mis hijos y de la que Carlos solo dice que no está mal.  Ya sé que para gustos, los colores pero es que tocaba LA MIA.

Nada mejor que sacar manchas de tomate, rotus y salpicaduras variadas a ritmo del primer cd de Alejandro Sanz, ¡madre mía, cómo le ha cambiado la voz!.

Y es que de pronto vino la nostalgia y los cálculos de cuantos años llevaría el cd en casa, ése y el segundo de Alejandro, los de Operació Triunfo, el de Los Gofiones, que compré en el 92 cuando fuí a Las Palmas a la boda de mi primo Pablo, el de Abba…La banda sonora de El Guardaespaldas, ahora que estrenan en Madrid el musical…Todos se amontonaban en la encimera esperando su turno.

Para las verduras del puré, elegí “Música para recordar”, tres cds que me compré el año pasado después de oír los cortes que ponían en la radio cuando lo promocionaban. Clásicos de la música italiana, francesa, española, brasileña, americana…

Los primeros acordes de “Moon river”, recordar la película de Desayuno con diamantes mientras pelas patatas…Subir un poquito más el volumen y cantar y cantar mientras Lúa duerme ajena a mi interpretación musical…

“Sapore di mare, sapore di sale…” Llámame antigua, ¡me da absolutamente igual!. Hay tiempo para todo, para el “Despasito” y para “La vie en rose”.

Y entre recuerdos, centrifugados de la lavadora y el chup, chup de la olla se me ha ocurrido que a lo mejor mi selección musical ha llegado a una casa con las ventanas abiertas y ha hecho que el chico haya sacado a bailar a la chica, ¡sorpresa!, porque le apetecía, porque es sábado y andan limpiando o vegetando…

A lo mejor te ha llegado a tí, y si no, lánzate, los mejores bailes son los agarraos en la cocina, te lo aseguro.

Y es que, sabes, un sábado cualquiera, como hoy, ¿te ha llegado música?, era yo…