Viernes

Esta mañana he echado de menos a Frank (no sé cómo se llama pero le he bautizado así por Frank Sinatra) “amenizador de horas punta” que suele ponerse entre mis dos tramos de escaleras.

Es un señor un poco mayor con pelo y barba blanca. Lleva un altavoz y música grabada que él completa con su trompeta y cantando un poquito. Suelen ser canciones conocidas por todos y tiene bastante éxito porque mucha gente le echa monedillas al pasar.

Las veces que le echado algo lo hago súper rápido y procuro no mirarle a los ojos porque su manera de agradecerlo es sin parar de tocar con una mirada que parece que se le fueran a salir los ojos de las órbitas. ¿Os acordáis de Louis Armstrong? el músico de jazz, ¿lo expresivo que era? pues a Frank le pasa lo mismo por lo que no sabes si huir escaleras arriba lo más rápido que puedas o morirte de la risa por lo cómico que resulta.

Frank realiza una gran labor social, mezcla entre guardia de tráfico y encargado de tienda.

Si ve que sube una aglomeración de gente se marcará un rock & roll tipo “Rock a round the clock” para que vayamos rapidísimo y despejando la escalera. En cambio, si ve que la gente sube con ritmo pero en orden bajará la intensidad con “La Bamba”, movido, para mantener el ritmo, pero sin que nos acelere más de lo necesario.

Algo parecido a lo que sucede cuando estás por ejemplo en un supermercado, cuando hay mucha gente para que aligeren las compras, suben la intensidad de la música mientras que en otras tiendas es ya imposible subirlo más y directamente no entras porque te estallan los tímpanos.

Esta semana Frank no ha aparecido.

Hasta que vuelva a dirigir nuestras carreras, me quedo con el recuerdo de la última canción que le escuché, “La vie en rose”. Nada más sonar los primeros acordes me eché a la derecha, disfruté de la lentitud de la escalera y me sentí realmente privilegiada por estar justo allí en ese momento para mí, mágico.

Vuelve pronto Frank.

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Un comentario

  1. Esther · noviembre 17, 2015

    pufff…a veces las prisas no nos dejan apreciar lo buenos que son algunos..(otros, ejem..). Por aquí hay un par de violinistas que cualquier día me saco la silla a la calle a escucharles tocar, de lo buenos que son…
    Me encanta que te fijes en Frank…: )

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