Descolocada

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Como estas tormentas de primavera que ves como poco a poco van llegando, hay caídas que por más que quieres frenar acaban llegando.

A pesar de tanto subir y subir tu escalera diaria con tus orejeras sin pararte a pensar nada más que en lo siguiente, lo siguiente, lo siguiente, otra vez tu cuerpo se impone a tu mente y vuelves a verte en el arranque de tu escalera particular.

¿Por qué ahora?, ¿por qué justo cuando más activo tienes que estar?.

Como sabemos, el cuerpo muchas veces no hace más que reflejar con dolencias físicas lo que tu mente lleva tiempo rumiando, reteniendo a base de más actividad, más distracciones, seguir y no pensar hasta que se planta y da la orden a tu cuerpo de que, o paras, o vamos mal.

Y aquí estoy, recuperando el aliento, aprendiendo a respirar porque perdí las fuerzas y mi cuerpo reaccionó perdiendo la voz, con vértigos, náuseas y pánico por no saber cómo controlarlo.

Después de todas las entradas que he publicado sobre mantenerse positivo, activo, entrenándote a tí mismo para poder apoyar a los demás, me doy cuenta de lo difícil que es aplicárselo a uno mismo, no por falta de ganas sino porque todo se te queda corto para enfrentarte a un parón así. No estamos educados para caer, para frenar, hay que ser competitivos en todo, llegar a todo, y no parar, porque si paras, te saldrás del guión y no encajarás.

Sinceramente, no es agradable escribir esto. Me encantaría contaros algo más positivo, más divertido pero espero que sirva como apoyo a tantas personas como conozco que están pasando situaciones parecidas, a las que les falta el aire y la fuerza para seguir.

Espero que mi testimonio sirva para visibilizar que estos parones, estos bloqueos, nos pueden pasar a cualquiera en cualquier momento.

No estáis solos, pasará y volveremos a subir escaleras, a calzarnos los zapatos de las prisas y nos pondremos en modo hiperactivo pero mientras dure, aprenderemos a vivir en la casilla de salida otra vez.

Como socia fundadora del Club del Lexatín acabo premiándome con un Chupa Chups y agradeciendo de corazón tantos apoyos como estoy encontrando.

Aquí me tendréis, descolocada pero no acabada.

El Club del Lexatín

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Por diversas circunstancias, la vida se puede complicar en cuestión de horas, segundos y hoy he estado pensando en la cantidad de gente con la que puedo cruzarme al día por la calle que estarán pasando un racha complicada, enfermedades, trabajo, familia, amigos…

Nada más verte “complicado” tus sentidos se activan. Hay que ver la cantidad de miradas de extraños que te sacan de tu ensimismamiento que parece que te dicen, yo también lo estoy pasando mal, es solo un segundo y apenas se les oye por temor a que los que les rodean les tomen por raros.

Porque por desgracia, en esta sociedad hay que aparentar belleza, dinero, posición, buen rollo, positivismo. No interesan las personas que sufren, que sienten, esas cosas se pasan solo, hombre, no fastidies, que aquí estamos para echarnos unas risas y comentar lo guays que somos. ¡A cuánta gente conocemos así!.

Por eso quiero dedicar esta entrada a todos los que están pasando una mala racha. Deciros bien alto que a mí no me asustan los sufridores, que aquí estamos para reírnos, para llorar las veces que haga falta, para hablar, hablar y hablar y no arreglar nada, porque no tengo una varita mágica para arreglarnos a todos, pero sí que tengo un Lexatín para compartir, respirar y reírnos porque tú también lo llevas “por si acaso”, porque somos del Club del Lexatín, que tiene mucho menos glamour que llevar el frasco de las sales en el bolso como antiguamente, pero que hasta puedo regalarte un chupa chups y darte un abrazo por auténtico, porque sientes, porque tienes fondo y sobre todo, porque eres humano.

Entonces, ¿qué?, hablamos, ¿no?.