Mi escalera

image.jpeg

Como habréis observado, últimamente tengo abandonados a mis compañeros de viaje y de vagón. Hace días que no comparto con ellos hora punta, empujones y escaleras porque como os comenté estoy en un parón obligatorio para recuperar fuerzas y volver a mis antiguas rutinas.

Estos días tengo que dedicarlos a mí, y éso, ¿cómo se hace?. Pues es lo que trato de aprender, a conocerme y a anticiparme a pensamientos que me producen impotencia y no me dejan avanzar.

Es curioso cómo a pesar de haber oído y leido tantas veces el tan manido “conócete a tí mismo”, cuando de verdad tienes que hacerlo te das cuenta de que no sabes por dónde empezar, y bueno, en eso estoy.

Para ayudarme he elegido esta foto de una escalera de jardín y la he convertido en mi escalera personal. Con escalones de piedra que resistan el desgaste del tiempo, que sean duros para que no me hunda en ninguno de ellos y me sienta segura cuando los vaya subiendo o me quede estancada en ellos.

Mi escalera está invadida por la hierba y las flores, representando a mis seres más queridos. Los que están sin agobiar, a veces callados, solo presentes con un emoticono en un mensaje. Los  que comprenden que hay días que no estoy ni para contestar pero que no por eso dejan de estar presentes como una pequeña hierba que sale entre los escalones y ahí siguen día tras día para hacerme sentir acompañada.

A día de hoy, ya que algunos me preguntáis cómo me encuentro, os diré que me mantengo en lo bajito, casi en el arranque de la escalera. Adaptándome a conseguir pequeños logros en las rutinas más básicas que me vayan dando confianza para ir haciéndome cargo cada vez de más cosas, pero hasta llegar al modo sprint que llevaba no hace tanto, me queda mucho por trabajar y por aprender.

Sé que esto de parar y reflexionar no es nada original, les pasa a muchos. Sin ir más lejos ahí está el Cholo, reflexionando, asimilando la derrota, y es que como os comenté en otra entrada, hay que ver lo rápido que se pasa del equipo ganador al perdedor.

Así que desde aquí invito al Cholo a que me acompañe en mi escalera. A lo mejor le sirve en estos momentos de oscuridad porque lo que a mí me sigue sirviendo para mi vida y para no perder la Fe (por suerte más presente que nunca) es su lema “Nunca dejes de creer”.

Nunca dejes de creer

image.jpeg

Por diversas circunstancias desde hace unos días no me quito de la cabeza el lema del Atlético de Madrid “Nunca dejes de creer”. Aunque no soy futbolera reconozco que desde que conocí a Carlos, no sé si por ese estado de idiotez del principio de las relaciones, acabé “atlética” perdida para desgracia de mi padre que es del Madrid, a parte de que para estar lejanamente emparentada con un jugador muy querido de la Quinta del Buitre esto era impensable y motivo para desheredarme.

Aún recuerdo lo que hemos sufrido con el Atleti hace unos años, cuando me tocaba ver los partidos en un barecillo rodeada de abueletes y encima una derrota tras otra…Carlos, me decía, el Atleti es así, es un equipo de sufridores, de esfuerzo constante, con unos valores muy claros, es otra filosofía de vida, ¡y tanto!. Hasta que su suerte cambió, el mensaje del Cholo les caló y así van, de victoria en victoria, ¡ojalá les dure!.

Hoy, después de hablar con unas compañeras de trabajo me ha venido a la cabeza que ese lema es aplicable a muchas situaciones de nuestro día a día, sobre todo, cuando las cosas no salen como esperamos en el trabajo, en casa o cuando un suceso inesperado sacude todo nuestro mundo y el de nuestros seres queridos.

En esos momentos tan límites, tan desesperados, es cierto que a pesar de la buena voluntad que ponen los que nos rodean por animarnos y por hacernos ver las cosas de otra manera más amable, nuestra angustia, nuestro sufrimiento y nuestra frustración, nos hacen sentir acompañados pero solos, escuchados pero no del todo comprendidos. Supongo que ante una racha de derrotas a pesar de tanto esfuerzo y tanto sacrificio, es también como se deben sentir los futbolistas.

Y es que realmente es imposible que por más que queramos, consigamos sentir lo que siente el que está pasando ese momento tan duro pero en cambio, lo que sí podemos hacer es ser su entrenador y repetirle como un mantra “Nunca dejes de creer”. Ver cómo el Atleti ha ido remontando, superando partidos a base de trabajo, apoyo, humildad ante las caídas, esperanza, es una muestra de que un buen entrenador ayuda y mucho a superar una mala racha. Es verdad que no somos magos para arreglar el mañana, para devolver su estabilidad, su normalidad al que se le ha “movido” su mundo, pero todos llevamos dentro una palabra, un gesto para motivarles, animarles y acompañarles en esos momentos de bloqueo y sufrimiento.

La empatía nos acerca a los demás y es que al final, todos pasamos del equipo ganador al que necesita remontar en cuestión de segundos por lo que cuanto antes aprendamos a entrenarnos y a entrenar a los que nos rodean mejor que mejor para ir adelante, siempre adelante.

Así que seamos todos “el Cholo particular” de quien lo necesite y, ¡a practicar!, tus jugadores están más cerca de tí de lo que te imaginas…