Antiácidos, insomnio y resaca

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¿Cómo va esa resaca del Champán, o del Cava, o de la cena, o de la comida? Porque con la excusa de que a todo le ponemos el «toque navideño» parece que se puede abusar como si fuera el fin del mundo y cuando llega el mañana, es decir, el día siguiente, hoy para ser más exactos, ¿qué hacemos?.

La mayoría de mis entrevistados juran que no fue para tanto. Que en realidad no cenaron/comieron tanto. Que es que la salsa estaba fuerte, que el aliño del pulpo resucitaba a un muerto, que el cuñado no paraba de servir vino y más vino, y que acabaron brindando por la Navidad, la familia, la salud, el dinero, el amor, la unidad de España…

Con los digestivos, vino la eterna cuestión de si el Rey emérito unía mucho a los españoles pero que si Felipe VI ya no es lo mismo….Actualidad política, Letizia si, Letizia no, astronomía, la chica de Galicia desaparecida, la crisis que no nos deja levantar cabeza….y así turrón va, turrón viene… A mí me tocó ir de coche escoba comiéndome todas las pruebas de dulces de Navidad que hicieron mis hijos y que no acababan de convencerles. Me sentía como el jurado de Master Chef probando de todo y poniendo buena cara aunque no me convencieran a mí tampoco.

El día de Navidad, a la familia nos invitaron a comer fuera. Comida espectacular, deliciosa, con sobremesa y buena charla pero no lo fue tanto para mi estómago.

Por desgracia, me he acostumbrado a comer un sándwich preparado en casa o de los de las máquinas de comida de mi trabajo, y una fruta (si he estado lo suficientemente despierta para acordarme), así que tantas exquisiteces empezaron a dar vueltas y más vueltas por mis conductos y no debían encontrar hueco para colocarse porque me dieron una tarde movidita. Menos mal, en mi bolso de Mary Poppins llevaba un antiácido maravilloso que me ayudó a terminar la tarde bastante mejor aunque me dio una pena, ¡para un día que como delicias y sentada en una mesa preciosa!…

Nada, me he convertido en otra estresada de la vida que come en la cola del autobús o sentada en el tren antes de enlazar con la recogida del colegio de los niños, ¡para lo que he quedado!.

Por la noche, seguía revuelta y esperando a que se me pasara, acabé otra vez insomne, parece que vuelve a convertirse en costumbre. Por más que bostezo no acabo de caer así que me dedico a escribir, ponerme al día con la prensa, tejer…Lo que no se me ocurre es poner la tele ni comer, curioso, ¿no?.

Como la noche del 24 al 25 es mágica, en mi insomnio estuve a punto de unirme a mis vecinos, los de las paredes de papel. A la 1 de la mañana en el silencio de la noche, estaban disfrutando en su tele de un concierto de Navidad de villancicos en inglés que resonaba por mi escalera. Me pareció que sonaba Bárbara Streisand, era tan bonito, que me senté en la escalera a escucharlo hasta que me quedé helada y opté por seguir acurrucada en el sillón leyendo hasta caer como un tronco. Por suerte, mis hijos son dos tronquetes con un sueño muy, muy profundo y no oyen nada.

Hoy me lo he dado de descanso pero mañana tengo que pensar el menú de Nochevieja. Ante los recuerdos del runrún de mis tripas, lo haré con una manzanilla al lado que veo que me he vuelto muy sensible, y repasando lo que he escrito, muy ñoña (cachis).

P.D: Para los que no recuerden hasta dónde llegaron con los villancicos y la exaltación de la amistad, os dejo un consejito que seguro que os viene de perlas.

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¿Preparados, listos…?

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Bueno, ¡que llega la Navidad! (de perogrullo, pero por si queda algún despistado).

¿Listos para todo lo que se nos viene encima?. Porque se acaba el año y hay que echar el resto en todos los sentidos y sin sentidos así que, ¡a por ella! que ya tendremos tiempo para descansar en enero, ¿no?.

Empezamos con los excesos divertidos.

A cuatro días de Nochebuena hay que darse prisa en buscar ese look rompedor para dejar a tus hermanas, cuñadas y amigas súper maravilladas. Por ejemplo, comprándote esa blusa dorada de lamé que no te atreverías a llevar en otra época del año o unos pendientes extra grandes que deslumbren a tu abuelo. ¿Quién podría resistirse a un jersey de pelo largo a lo «hombre de las nieves»?.

De peinado, un moño con ese toque de gomina de Moco de Gorila (ya sabéis que esa marca me hace mucha gracia) que te hace parecer eternamente sorprendida por lo que te estira el pelo, y las pocas ideas que tienes en la cabeza. En tus piececitos, unos taconazos que te hagan quedar excesivamente alta cuando vas a saludar a los mayores de la familia y que te congelará la sonrisa pintada con ese rouge de femme fatal para ocasiones especiales.

En cuanto a los preparativos estomacales para los excesos culinarios, supongo que habréis hecho alguno de esos tratamientos detox para limpiar vuestro organismo a base de limón, agua caliente, infusiones de plantas del paraíso y un poquito de hambre, acompañada de muchas botellitas de agua tan, tan ideales pero que tan, tan poco calman los ruidos que hacen tus tripas.

Total, que bien limpios por dentro y por fuera gracias también a las rodajas de pepino y demás mascarillas maravillosas, estamos listos para comidas, comilonas y lo que el cuerpo aguante pero recordad, siempre con los antiácidos bien cerca.

En mi caso, preparada por dentro y por fuera, estoy dispuesta a reventar la báscula por no hacer un feo a nadie. En estas comidas y cenas, los aperitivos me chiflan, los platos caseros son un lujo que no todos los días del año me puedo permitir. Si hablamos de polvorones y turrones total, son una vez al año pero sobre todo, me muero por la sopa de almendras de mi madre, la espero todo el año como el más exquisito de los manjares.

Entrando en confidencias, os confieso que hoy he estado ojeando esa ropa interior «mágica» que te embute en cualquier vestido, pantalón, etcétera que te recoloca, te sube o te baja lo que necesites pero después de muchas vueltas,  no me he atrevido. He pensado, mejor hago una locura…¡que vivan las carnes al natural!…temblando estoy porque no me he probado nada y no sé si entraré en alguno de mis looks de noche, horroooor y pavoooor me va a dar.

Y ahora ya en plan más espiritual, va siendo el momento de echar mano a los buenos pensamientos y deseos para todos los que nos rodean, familiares, amigos y compañeros. Pero no nos olvidemos de todos los «personajes secundarios» que han formado parte de nuestro año y sin los cuales no podríamos haber llegado hasta esta fecha de hoy, 21 de diciembre, inicio del invierno.

Gracias a todos los que me habéis acompañado este año en lo bueno y en lo malo, y a los que me habéis dejado formar parte de vuestras vidas.

Os deseo paz, serenidad, salud, trabajo para todos los de mi lista de «pendientes» y mucho amor para repartir a los que os rodean.

Y por supuesto, mucho ánimo a todas las mamás y papás que en unas 24 horas empiezan las vacaciones escolares así que, ¡que Dios reparta suerte y a disfrutar mucho, mucho, mucho!.

Love is in the air

Queramos o no, nos guste más o menos, hay que ser conscientes de que se acerca la Navidad.

Desde finales de noviembre, todo empieza a llenarse de luces de colores, regalos, comidas, cenas, llamadas de teléfono, mensajes de felicitación, anuncios de colonias y promesas de amor eterno a toda la humanidad que nos van llevando a un estado de «buenismo» en muchos casos totalmente artificial, que a muchos provoca un estado de insatisfacción que les lleva a comer, beber y comprar sin saber muy bien el por qué pero que acaban haciendo compulsivamente por no parecer menos que el resto de los mortales.

Viendo que el espíritu navideño está bastante adulterado, es por lo que me he propuesto recuperar el que a mí me parece el verdadero y no volver a pasarlo de puntillas como otros años, a base de reenviar mensajes que me reenviaban muy bonitos pero vacíos de sentimientos, que igual podías mandar a un viejo conocido, como a tu tía octava sólo por parecer que estabas presente en sus vidas en esos días aunque el resto del año no cruzaras una palabra con ellos.

Por eso, me he tomado mi tiempo y he hecho una lista de personas que este año han sido importantes en mi vida; no sólo me refiero a familia o amigos a los que pienso felicitar, sino también a aquellos otros menos conocidos pero que han participado en muchas de las vivencias que he tenido y sin los cuales este año no habría sido posible.

De esta manera, espero poner mi granito de arena para que como dice la canción, se note que «Love is in the air» y aunque parezca una cursilada, demostrar mi agradecimiento y mi cariño a todos mis nominados del año y hacerles partícipes de mi espíritu navideño.

Por ejemplo, este año tan intenso laboralmente voy a felicitar a la señora de la limpieza de mi trabajo. No sólo porque me ha tenido la mesa como los chorros del oro y me ha vaciado hasta dos veces las papeleras al día, sino porque también me ha animado en días de cansancio, me ha tomado la temperatura como si fuera su hija cuando me he sentido enferma, hemos compartido sueños si nos tocara la lotería, risas, consejos sobre plantas, recetas de cocina y ha sabido pasar desapercibida cuando estaba concentrada, espero que así, sepa lo mucho que valoro su trabajo.

También a todos los conductores de autobús, metro y tren que me han llevado y traído sin un accidente durante todo un año y han hecho posible que llegara al trabajo, a recoger a mis hijos al colegio, al médico y a hacer recados. Con frío o calor, han sido el compañero silencioso de tantas horas de transporte. No sé los kilómetros que habré hecho en el año, pero han sido una parte fundamental de mi equipo para ir alcanzando las metas de mi día a día más fácilmente.

A los chicos de la cafetería donde tantos desayunos he tomado; muchos acompañada de buenas compañeras y amigas, pero muchos otros sola, dándome un café que no me revolviera el estómago, tostadas y chupitos de mezclas de zumos de los que casi nunca conseguía adivinar todos sus ingredientes, con su mejor sonrisa y atención haciéndome sentir acompañada en ese ratito de descanso y desconexión del trabajo.

Tampoco puedo olvidarme de mi amenizador de horas punta, ¿os acordáis?, Frank y su trompeta, ¡no sé la cantidad de actuaciones que le habré visto este año!. Debo ser de su público más fiel y entregado. Por todas las canciones que me ha hecho recordar, por las sonrisas que me ha arrancado y los «empujoncitos» que me daba para salir a la calle con la moral bién alta y encarar el día con una sonrisa.

Y a todas esas personas anónimas que se han cruzado en mi camino, del trabajo y fuera de él, que me han hecho la vida más fácil con una sonrisa, sujetándome la puerta, resolviéndome problemas informáticos, enseñándome a poner vientre Pilates, cortándome el pelo y arreglándome las mechas o preguntándome cómo estaba, unas más fugaces en mi vida que otras, pero todas formando parte de este año que se acaba con la fiesta más bonita y emotiva para mí, la Navidad.

El año que viene, espero que mi lista de felicitaciones sea mucho más larga, porque a pesar de todo lo malo que ha traído este año, estoy segura de que siempre encontraré gente buena a mi alrededor a la que agradecer tantos pequeños pero importantes momentos de mi vida.