La ventana indiscreta

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Volviendo de nuevo el calor propio del verano, otra vez andamos con las ventanas abiertas de día y de noche.

En mi caso, al estar el dormitorio bajo el tejado es casi como dormir a cielo descubierto. Unas noches, la sensación es aplastantemente plomiza porque por más que miro a la ventana, no se mueve un pelo de aire. Otras en cambio, el vientecito serrano produce más ruido que fresco y te hace acabar con dolor de cabeza. Por suerte, lo que suele ser casi seguro es que la noche esté totalmente despejada.  El cielo se presenta lleno de estrellas y de lucecitas de aviones con los que dejar volar la imaginación viajando a lejanos lugares. Lástima que haya que madrugar porque el espectáculo es para quedarte embobado y reflexionar sobre nuestra pequeñez cósmica.

Todas esas maravillas que ofrece la noche se transforman en un brusco despertar cuando al sonar el despertador y abrir los ojos, la luz del día aparece en la habitación en exceso para un cuerpo totalmente dormido que lucha por adaptarse a la luz y no darse con algún mueble.

Mientras se prepara el café, las mismas casas de todos los días van entrando en sus rutinas mañaneras, vecinos a los que les toca afrontar el día desde bien temprano.

¿Os habéis fijado lo impertinentes que son las ventanas de vuestras casas?. Seguro que alguno pensará que no son impertinentes, son distraídas y divertidas porque la vida de los vecinos y de los viandantes da mucho juego, sobre todo cuando el calor aprieta y no hay nada mejor que hacer.

Mis viajes en autobus me dan una altitud de miras donde las ventanas se convierten en miradores desde donde los conductores ayudan a que el trayecto se haga muy distraído. Por ejemplo, en un atasco, vas pasando a cámara lenta los coches y en su interior puedes observar clases de maquillaje, peinados imposibles de terminar a golpe de acelerones y frenazos, adictos al móvil, niños absortos mirando los dibujos en las tabletas, cantantes emocionados y ese espécimen ibérico que se afana por  encontrar “algo” interesante dentro de sus orificios nasales…puaj, puaj, puaj.

Cambiando de ventana y de visiones para olvidar, imposible no recordar las ventanas de la oficina con vistas impresionantes de una céntrica zona financiera de Madrid. Las banderas de España ondean en los edificios oficiales, los coches, autobuses y peatones se mueven como si estuvieran en un diminuto circuito de coches para niños…

Y es que en un día nos asomamos a muchas ventanas indiscretas porque seamos sinceros, ese es el uso que sobre todo le solemos dar, ¡y lo divertido que es!.

Así que cuidadito con lo que haces porque detrás de cualquier ventana puede haber muchos ojos pendientes de todos tus movimientos.

¿No serías tú el que ví desde la ventana…?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Día 1: Inspira, espira…

Primer día de vuelta al trabajo y ¡lunes!.

Después de todos estos días de vacaciones calentita en casa, esta mañana me ha tocado estrenar el año laboral con un frío realmente invernal y un viento polar.

Entre el madrugón y el frío, la llegada a Madrid ha sido traumática. Apunto he estado de no bajarme del autobús y volverme a casa pero como era imposible, me he bajado y agarrada al pasamanos de la escalera mecánica he maldecido mi suerte porque no me haya tocado la lotería y ya más tranquila he entrado en el Metro.

Para no sentirme sola en esos momentos tan duros, casi todo Madrid me estaba esperando en el andén. Parecía que me decían “te entendemos y te apoyamos”  (o eso he pensado yo), así que he ido bien aplastadita y acompañada de media humanidad hasta Nuevos Ministerios. Por suerte, llevaba mi musiquita; gracias a mi lista Mornings ha sido más llevadero, me he podido aislar y he cogido fuerzas para salir del vagón y ¡comerme el mundo! o quizás ha sido por el olor a establo del vagón por lo que he salido como una exhalación…no estoy segura.

Para cuando me ha tocado llegar a las escaleras, las he subido todas del tirón y después de llegar viva arriba cargada con mi bolsón como el de Mary Poppins, la bufanda, el gorro y los guantes, he comprobado que no estoy tan mal de forma así que he mirado mi edificio, he hecho unas respiraciones, inspira, espira…y me he dicho, “nena, tú puedes”.

Balance del día 1: agotada, medio viva después de trabajo, casa y niños pero por fin, ¡a dormir!.

Mañana más.