
Hay veces que el universo, los astros, el karma o qué sé yo se empeñan en complicarte la vida en el momento más inoportuno. Esta mañana salía de una visita médica e iba camino del trabajo cuando al encender la radio del coche, se rebeló contra mí y el menú ha aparecido en ¡ruso! Entre el sol de frente y mi creciente presbicia no atinaba a poner la opción para escuchar música por Bluetooth y como no quería desconcentrarme de la carretera, aún iba por una vía urbana, empecé a tocar todos los botones y para cuando quise mirar, voilá, el menú estaba en ruso. ¿Cómo sé que es ruso? Fácil, caracteres cirílicos y no entender nada de nada salvo la palabra RADIO. He aparcado y me he puesto las gafas pero ha sido imposible recuperar el inglés. Ruso, ruso y venga ruso, aunque en la radio hablaban español, de gente que me sonaba a ruso peeeero en español.
En Internet he encontrado unas instrucciones de un modelo de radio parecido y se puede configurar el menú en español pero claro, queda más cool en inglés, supongo. El problema que veo es que no solo hay que entender las instrucciones, ¡hay que verlas! porque la letra es tamaño liliputiense y hay que ampliar tanto la imagen en el móvil que solo leo tres palabras de cada línea. Así que igual es más fácil rendirme y aprender ruso.
Vuelvo a casa sabiendo que si aparece en la pantalla “да” (da) es si, и нет (nyet) es no pero claro, ¿seré capaz de leer la pantallita dichosa sin gafas? ¡сюрприз! O sea, ¡surprise!